sexta-feira, 29 de junho de 2012

El genoma humano más antiguo, de dos leoneses

ALBERTO TAPIA
Cráneo de uno de los cazadores
Un equipo de científicos dirigido por el biólogoCarles Lalueza-Fox, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha logrado recuperar por primera vez parte del genoma de dos individuos que vivieron durante el Mesolítico, hace unos 7.000 años, en lo que ahora es la provincia de León. Este genoma es el más antiguo de un ser humano moderno e incluso supera a la famosa momia Ötzi, el «Hombre de hielo», en 1.700 años. Los restos, hallados en la raíz de piezas dentales de los dos hombres, han comenzado a desvelar los primeros secretos. Estos antiguos cazadores no están emparentados con los españoles actuales. La investigación aparece publicada en la revista Current Biology.

Los restos proceden del yacimiento de la Braña-Arintero, en Valdelugueros (León), descubierto en 2006 de forma casual. La cueva, ubicada en un lugar frío y montañoso, a 1.500 metros de altura, resultó propicia para la buena conservación del ADN de los dos individuos hasta nuestros días. Los dos jóvenes varones adultos, bautizados cariñosamente como Wenceslao y Ataúlfo cuando aparecieron sus esqueletos, fueron depositados allí por una abertura que después quedó sellada. Son contemporáneos y comparten ADN mitocondrial, por lo que podrían estar emparentados.

ALBERTO TAPIA
Mandíbula

Aunque los datos sean incompletos -solo suponen el 1,34% y el 0,5% del genoma de los dos individuos-, son suficientes para que los científicos sepan que no son antepasados de los españoles actuales, ya que se ha apreciado en ellos 50.000 variantes genéticas distintas. «No tenemos nada que ver con ellos. Estaban más cerca de poblaciones del norte de Europa como Escandinavia o Gran Bretaña», explica a ABC.es Lalueza-Fox. El científico cree que esto se debe a que en el norte de Europa, el asentamiento del Neolítico fue más lento y es más fácil que el legado genético de estos cazadores-recolectores llegara a las poblaciones actuales.

Unos europeos distintos
El avance en el conocimiento del genoma de estos cazadores puede desvelar aún más secretos. «Los europeos actuales somos descendientes del Neolítico. Nuestra dieta, salud y organización social es neolítica, nuestro genoma ha sido modelado por el Neolítico y sería muy interesante saber cómo era un genoma anterior», apunta el biólogo. «Veríamos a un europeo con cambios significativos en un montón de genes relacionados con la dieta, el metabolismo, la inmunidad e incluso con la cognición», subraya. «Sería una forma un poco diferente de ser europeo».

Hasta el momento, solo se disponía de un genoma de la prehistoria europea, el de Ötzi, que vivió hace 5.300 años. Su momia fue descubierta en los Alpes del Tirol, en la frontera entre Austria e Italia. Lalueza-Fox cree que el desarrollo de técnicas más avanzadas nos permitirá obtenernuevos genomas antiguos para poder estudiar la trayectoria de los europeos.

Mais em abc.es

Catalunya alberga el arco más primitivo del Neolítico

Fabricado con madera de tejo (Taxus Baccata) y de 1,08 metros de longitud. Estas son las características del arco más antiguo del Neolítico descubierto hasta la fecha, que ha sido recuperado en el yacimiento arqueológico de La Draga (Girona). El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha participado en el hallazgo de esta pieza cuya datación estima su origen hace entre 7.400 años y 7.200 años.

Proceso de excavación en el yacimiento neolítico de la Draga. Equipo Draga

Arco entero hallado durante la campaña de excavación 2012. Equipo Draga
 Mais em publico.es

Australopithecus sediba: The Wood-Eating Hominid

The dental plaque on Australopithecus sediba teeth reveals the species ate wood or bark.
Image courtesy of Amanda Henr
Sometimes it’s good to have something stuck in your teeth—good for science, anyway. New research on food particles clinging to two-million-year-old teeth reveal Australopithecus sediba, a possible ancestor of the genus Homo, had unusual dining habits for a hominid: The species consumed wood.

Discovered in South Africa in 2010, A. sediba is known from two partial skeletons. To reconstruct the species’ diet, Amanda Henry of the Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology in Germany and colleagues relied on three methods. First, they looked at the markings on molar surfaces made by food as it’s being chewed. This analysis showed A. sediba ate hard objects,just as the South African hominid Paranthropus robustus did.

Next, the team looked at the carbon chemistry of the teeth. As a tooth forms, it takes up carbon from the food an individual eats. Forest plants such as trees, fruits and leaves (called C3 plants) have a different ratio of carbon isotopes than does grassland vegetation (C4 plants). The carbon in the teeth of A. sediba indicates the hominid dined almost exclusively on C3 plants, making it similar to some modern chimpanzees. Other early hominids likewise preferred C3 plants, but also included at least some C4 vegetation in their diet.

Finally, the researchers scraped off some of the dental plaque from two teeth of one of the known A. sediba skeletons. In the plaque were plant phytoliths, microscopic silica structures that form in plant cells. Different plants have distinctively shaped phytoliths, allowing scientists to use the structures to infer what ancient animals were eating. The team found 38 phytoliths, the first ever recovered from an early hominid. The phytoliths show A. sediba ate some water-loving C3 grasses and sedges as well as fruit, leaves and bark or wood. It’s the first evidence of a hominid eating wood, the researchers report in Nature.

The evidence of wood eating comes from just one individual, so it’s hard to know if this behavior is representative of the whole species. But the researchers point out the apparent reliance on wood and other forest plants fits with the skeletal evidence that suggests A. sediba climbed trees. Anthropologists have often suggested early hominids retained climbing abilities so they could find safe sleeping spots in the treetops. But maybe A. sediba was up there looking for breakfast, lunch and dinner.

Dia Aberto nas escavações arqueológicas de Vale Boi, Vila do Bispo


O Núcleo de Arqueologia e Paleoecologia (NAP) da Universidade do Algarve, com o apoio da Câmara Municipal de Vila do Bispo, promove, no dia 21 de julho, o Dia Aberto nas escavações arqueológicas do sítio pré-histórico de Vale Boi (Vila do Bispo). 

O evento pretende dar a conhecer o sítio a todo o público e contará com visitas guiadas e explicações detalhadas dos métodos de escavação arqueológica e dos materiais recolhidos a partir dos quais se poderá contactar em primeira mão com o passado remoto da região algarvia.

Vale Boi tem sido alvo de intervenções arqueológicas desde o ano 2000, sob a responsabilidade do arqueólogo Nuno Bicho, e é, atualmente, um dos mais importantes testemunhos para o estudo do modo de vida das primeiras comunidades humanas que habitaram o Algarve a partir de há cerca de 30 mil anos. 

O sítio encontra-se localizado junto da estrada nacional entre Lagos e Vila do Bispo (ver mapa) e o horário das visitas será entre as 10h00 e as 16h00.

quarta-feira, 27 de junho de 2012

Quaternary International


Volume 267, Pages 1-110 

26 July 2012 


The genus from Africa to Europe: evolution of terrestrial ecosystems and dispersal routes 

Edited by Marco Mancini and Raffaele Sardella

Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology


Volumes 344–345, Pages 1-94
1 August 2012

sexta-feira, 22 de junho de 2012

Niño, asturiano y neandertal

Los investigadores del yacimiento de Sidrón (Piloña) consiguen reconstruir el esqueleto de uno de los trece individuos hallados en la cueva, el único de la península Ibérica

Antonio García Tabernero, Beatriz Fernández Cascón, Antonio Rosas y
Markus Bastir, con los fósiles del neandertal de Sidrón que han conseguido
reconstruir en el MNCN-CSIC. LNE

Los investigadores
Marco de la Rasilla - Profesor titular de Prehistoria de la Universidad de Oviedo, dirigió las excavaciones en Asturias de yacimientos como el Cuetu de la Mina (Llanes) y codirigió junto con Javier Fortea las investigaciones arqueológicas de las cuevas de Llonín, en Peñamellera Alta, y Sidrón, en Piloña. Ha especializado sus líneas de investigación en el Paleolítico Medio y Superior, el arte paleolítico y la historiografía de la arqueología prehistórica del primer tercio del siglo XX. Es coautor de varias publicaciones, entre las que figuran «La cueva de Sidrón (Borines, Piloña, Asturias). Investigación interdisciplinar de un grupo neandertal», junto a otras centradas en el arte rupestre en Asturias.
Antonio Rosas - Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, es director del grupo de paleoantropología y responsable de los estudios paleobiológicos de los neandertales de Sidrón. Fue, asimismo, miembro del equipo investigador de Atapuerca entre 1984 y 2005, y es autor de doscientos trabajos científicos especializados con publicaciones en «Science», «Nature», «PNAS», «Journal of Human Evolution», «American Journal of Physical Anthropology», etcétera. Es autor y editor de varios libros y artículos de divulgación, entre otros «Los neandertales», colección «¿Qué sabemos de?», editorial CSIC-La Catarata, 2010.
Carles Lalueza-Fox - investigador del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona y uno de los expertos mundiales en paleogenética. Investigador posdoctoral en universidades de Cambridge y Oxford, ha publicado numerosos artículos científicos en revistas internacionales sobre recuperación de material genético de especies extinguidas, como los mamuts, y en grupos humanos del pasado, incluyendo la primera recuperación de ADN de un neandertal ibérico. Colaborador en el proyecto «Genoma neandertal», ha publicado diversos libros de divulgación científica, entre ellos «Razas, racismo y diversidad», «Genes de neandertal» y «Cuando éramos caníbales».

Más de diez años ha costado ponerle imagen al hombre de Sidrón. Por fin, los investigadores lo han conseguido al reconstruir en un alto porcentaje el esqueleto de uno de los niños del grupo familiar de Piloña, un excelente resultado que permite poner cuerpo al primer neandertal de la península Ibérica tras un trabajo minucioso, casi de orfebre, que cierra con éxito uno de los proyectos más complejos a los que se han enfrentado los estudiosos de la evolución humana.

El grupo que residió en la falda del Sueve hace 49.000 años estaba formado por al menos trece individuos que los investigadores intentan perfilar hueso a hueso a partir de los más de dos mil fósiles óseos reunidos tras más de una década de excavaciones arqueológicas. Reconstruir la imagen de un neandertal adulto entraña enormes dificultades, aunque en este caso la circunstancia de contar entre los materiales exhumados en la cueva con restos de un niño entre los 6 y los 7 años de edad ha facilitado mucho las cosas, y el equipo de Sidrón ha conseguido poco menos que poner una pica en Flandes al acoplar uno de los pocos esqueletos neandertales del mundo.

En este caso, la edad del menor ha sido fundamental. El reducido tamaño de los huesos ha permitido diferenciarlos del resto de los fósiles, consiguiendo así dar forma al único esqueleto neandertal existente en la península Ibérica y uno de los neandertales juveniles más completos del mundo.

En el éxito tienen mucho que ver el trabajo realizado por el grupo de paleoantropología del MNCN-CSIC y, también, los hallazgos aportados por los trabajos arqueológicos y genéticos. Gracias a todos ellos sabemos algunas cosas del niño de Sidrón, entre ellas, que era chico y que atravesó como casi todos los neandertales un período de crisis durante la etapa del destete, algo que se ha podido observar con el estudio de los dientes. Más difícil es descubrir qué fue lo que le costó la vida a edad tan temprana, aunque la suya fue una muerte ligada a la del resto del grupo, sin que hasta el momento los científicos hayan podido averiguar cuál fue el origen de tan catastrófico final.

A pesar de contar apenas con 6 o 7 años de edad, el chico de Sidrón ya participaba en los trabajos del grupo familiar, según muestran las huellas observadas en sus dientes todavía infantiles. Como corresponde a su edad, aún conservaba algunos molares de leche y le estaban saliendo los incisivos definitivos.

Entre los trece individuos que formaban la familia neandertal de Piloña había siete adultos, de ellos tres de sexo femenino, tres de sexo masculino y uno indefinido al que no se pudo identificar hasta el momento, ya que sólo se han conseguido reunir tres molares del mismo. El resto del grupo está formado por adolescentes, juveniles y un infantil.

Uno de los juveniles es el chico de Sidrón cuya imagen acaba de ser configurada. A pesar de no estar completo el esqueleto, ha servido para aportar mucha información sobre la especie neandertal. Sabemos, por los estudios genéticos, que era hijo de una de las mujeres del grupo y que tenía un hermano de 2 o 3 años del que también se han recuperado algunos huesos.

En la reconstrucción del niño, la parte menos representada es la que correspondería a la cabeza. No hay huesos de la cara y el cráneo está muy fragmentado, mostrando algunos de los restos óseos claras señales de canibalismo, lo que indica que probablemente el interior del cráneo se utilizó tras su muerte para algún tipo de consumo, ya sea gastronómico o de índole simbólica o ritual. Sobre el canibalismo de los neandertales se ha escrito mucho, pero será difícil llegar a saber si el consumo que hacen de sus propios parientes está motivado por cuestiones de supervivencia en épocas de hambruna o si, por el contrario, tenía que ver con alguna significación vinculada al deseo de permanecer unidos después de la muerte.

Sí se ha podido reunir casi la totalidad de la dentición del maxilar y se conserva la mandíbula. El esqueleto axial está bien representado por algunas piezas de la columna vertebral, esternón y varias costillas, partes imprescindibles para conocer el desarrollo de la caja torácica y la función y la intensidad respiratoria.

Además, el esqueleto del chico de Sidrón cuenta con casi la totalidad de los huesos del brazo izquierdo: húmero, cubito y radio y huesos de la mano, mientras que el brazo derecho está menos representado. También aparecen partes de la pelvis que, entre otras cosas, evidencian que estamos ante un cuerpo masculino. De las extremidades inferiores se conserva un fémur de la pierna izquierda, un fragmento de fémur de la derecha y un pie casi completo. A estos restos óseos que permiten acercarse a lo que fue un niño neandertal quedan por añadir algunos fragmentos del esqueleto que aún no han llegado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde trabaja el equipo de Antonio Rosas. Son los procedentes de la excavación del verano de 2011, que aún permanecen en Oviedo a causa del parón sufrido por la tramitación de expedientes durante el último año.

Conocer el esqueleto del niño es, además de un éxito de los investigadores, una puerta abierta para al conocimiento de la especie que nos precedió. En la actualidad hay varias investigaciones en marcha, una de ellas es la que se desarrolla a partir de la dentición para averiguar el ritmo de crecimiento de la especie y ratificar que los neandertales tenían un desarrollo más rápido, es decir, a la misma edad estaban más desarrollados que nosotros. Se trata así de ver cómo es su patrón de desarrollo comparado con el nuestro. Los estudios de histología del hueso también nos llevarán a conocer cuál era la edad del chico en el momento de su muerte.

La reconstrucción del esqueleto ofrece posibilidades hasta ahora imposibles. Se va a poder comprobar si las distintas partes del cuerpo ofrecen los mismos datos sobre su desarrollo y se inicia así un camino que deja al descubierto la forma de crecimiento, objetivo indispensable para conocer cómo la evolución ha ido modelando el cuerpo. En este sentido, Antonio Rosas apostilla que «si creciésemos más deprisa seríamos diferentes».

Si hay algo de lo que el yacimiento de Sidrón puede presumir es del importante trabajo disciplinar que aglutina. Una de esas líneas de investigación es la que se centra en el ámbito de la genética, cuyas aportaciones han sido cruciales para llevar a buen puerto el genoma neandertal en 2010. Con su ayuda se pudieron identificar los distintos linajes presentes en el grupo humano localizado en la cueva. Ahora, los trabajos genéticos progresan en varias direcciones. La comparación del genoma neandertal con el del hombre moderno dejó una lista de unos ochenta genes que presentan cambios funcionales entre ambas especies, una lista que los científicos consideran corta para explicar las notables diferencias morfológicas existentes.

In lne.es

First dairying in green Saharan Africa in the fifth millennium bc

a, b, Rock art image (a) and tracing (b) showing Saharan pastoralists
with their pots and cattle (adapted with permission from ref. 15).
Julie Dunne,
Richard P. Evershed,
Mélanie Salque,
Lucy Cramp,
Silvia Bruni,
Kathleen Ryan,
Stefano Biagetti
& Savino di Lernia

Nature 486, 390–394 (21 June 2012)

In the prehistoric green Sahara of Holocene North Africa—in contrast to the Neolithic of Europe and Eurasia—a reliance on cattle, sheep and goats emerged as a stable and widespread way of life, long before the first evidence for domesticated plants or settled village farming communities1, 2, 3. The remarkable rock art found widely across the region depicts cattle herding among early Saharan pastoral groups, and includes rare scenes of milking; however, these images can rarely be reliably dated4. Although the faunal evidence provides further confirmation of the importance of cattle and other domesticates5, the scarcity of cattle bones makes it impossible to ascertain herd structures via kill-off patterns, thereby precluding interpretations of whether dairying was practiced. Because pottery production begins early in northern Africa6 the potential exists to investigate diet and subsistence practices using molecular and isotopic analyses of absorbed food residues7. This approach has been successful in determining the chronology of dairying beginning in the ‘Fertile Crescent’ of the Near East and its spread across Europe8, 9,10, 11. Here we report the first unequivocal chemical evidence, based on the δ13C and Δ13C values of the major alkanoic acids of milk fat, for the adoption of dairying practices by prehistoric Saharan African people in the fifth millennium BC. Interpretations are supported by a new database of modern ruminant animal fats collected from Africa. These findings confirm the importance of ‘lifetime products’, such as milk, in early Saharan pastoralism, and provide an evolutionary context for the emergence of lactase persistence in Africa.


Mais in nature.com

Trabajos de Prehistoria


Muge150th



Caros colegas,

Em 1863, Carlos Ribeiro da Comissão Geológica Portuguesa, descobriu os primeiros concheiros mesolíticos de Muge. Estes foram dados a conhecer ao mundo em 1880 no Congresso Mundial de Antropologia e Arqueologia Pré-históricas que se realizou em Lisboa. Com talvez a excepção da arte Paleolítica do Vale do Côa, os concheiros de Muge são o complexo arqueológico mais conhecido internacionalmente e, do ponto de vista científico, um dos conjuntos mais importantes da Arqueologia Portuguesa.

Em 2013 celebrar-se-ão os 150 anos da descoberta dos concheiros e com o objectivo de se organizar um congresso internacional, a ter lugar entre 21 e 23 de Março de 2013 em Salvaterra de Magos, uniram-se, até ao momento, um conjunto de instituições, autárquicas, privadas e científicas, nomeadamente o Museu Nacional de Arqueologia e o Museu Geológico, as Universidades de Coimbra e do Algarve, a Casa Cadaval (proprietária dos terrenos onde se encontram as jazidas arqueológicas), a Câmara Municipal de Salvaterra de Magos e a National Geographic Portugal.

A Comissão Científica, composta por Cleia Detry (UNIARQ, Universidade de Lisboa), Eugénia Cunha (Universidade de Coimbra), T. Douglas Price (University of Wisconsin, Madison) e pelo signatário, iniciou já os convites a uma lista de cerca de uma vintena de especialistas na matéria, provindos um pouco de toda a Europa, EUA e Canadá e faz saber agora que o Call for papers está já aberto, podendo a comunidade arqueológica proceder à sumbissão de propostas para comunicações orais e posters. A submissão e outras informações relevantas podem encontrar-se em

http://www.muge150th.com/

Com so melhores cumprimentos,
A Comissão Científica

quinta-feira, 21 de junho de 2012

Sepultura de cão mais antiga do Sul da Europa foi encontrada em Portugal e tinha 7600 anos

O cão foi sepultado nos amontoados de conchas deixados
pelos caçadores-recolectores (José Paulo Ruas)
Datações por radiocarbono confirmaram agora que a sepultura de cão mais antiga do Sul da Europa foi encontrada em Portugal e que tinha 7600 anos. Foi descoberta em Junho do ano passado, por uma equipa luso-espanhola, num amontoado de conchas que os caçadores-recolectores deixaram nas margens do Sado, na zona de Alcácer do Sal.

Agora não só as datações feitas com amostras das costelas, na Universidade de Oxford, no Reino Unido, determinaram a idade do esqueleto do cão, como as análises realizadas permitiram concluir que a dieta do animal incluía 25% de proteínas de origem marinha — o que provavelmente reflecte a alimentação dos seus donos, refere um comunicado da Universidade de Lisboa.

Dirigida por Mariana Diniz, do Centro de Arqueologia da Universidade de Lisboa, e Pablo Arias, da Universidade de Cantábria, a escavação resulta do projecto Sado-Meso, que se centra nos concheiros naquele estuário. Estes amontoados de conchas, deixados pelos últimos caçadores-recolectores, no Mesolítico, são restos da alimentação que retiravam do Sado.

Ora foi precisamente num desses concheiros, o de Poças de São Bento, que a equipa descobriu a sepultura do cão. Existe um cão mais antigo do que este: encontrado nos concheiros de Muge, no concelho de Salvaterra de Magos, e exposto no Museu Geológico em Lisboa, a datação por radiocarbono conclui que tinha 8000 anos. A diferença é que o cão do Sado foi descoberto claramente numa sepultura, que foi documentada numa escavação, enquanto para o cão de Muge, encontrado no século XIX, já não pode dizer-se o mesmo, pois não existe esse registo.

“A datação confirma que os caçadores-recolectores mesolíticos da Península Ibérica praticavam a inumação de cães em necrópoles, uma prática conhecida no Norte da Europa, mas que até agora não estava documentada, durante trabalhos de escavação, no Sul do continente”, refere o comunicado sobre o cão do Sado. “O caso de Poças de São Bento é também interessante porque está cronologicamente próximo da chegada da agricultura a esta zona da Península Ibérica.”

Levado num bloco parcialmente por escavar para o Museu Nacional de Arqueologia, em Lisboa, o cão do Sado está agora dentro de uma caixa. Até ao final do ano, deverá ser organizada uma conferência científica e uma exposição sobre este companheiro dos humanos.

Evolutionary Anthropology


Quaternary International



Geoarchaeology of Egypt and the Mediterranean: reconstructing Holocene landscapes and human occupation history
Edited by Matthieu Ghilardi and Yann Tristant