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terça-feira, 11 de setembro de 2012

La respuesta está en el valle

Varios arqueólogos trabajan en el yacimiento de Pinilla del Valle (Madrid)
SANTI BURGOS
El valle de Lozoya, en la sierra madrileña de Guadarrama, bien podría llamarse el valle de los neandertales, dice el paleontólogo Juan Luis Arsuaga. “Está protegido por dos cuerdas de montañas, rico en fauna, ecológicamente privilegiado e ideal para los neandertales, un buen cazadero para ellos”. No es una hipótesis: en los yacimientos de Pinilla del Valle, junto al pantano, se han encontrado ya nueve dientes de neandertal, restos de fogatas y miles de fósiles de animales, incluidos enormes uros (cada uno mide como dos toros), rinocerontes y gamos, entre otros.

Los neandertales son una especie humana conocida y desconocida a la vez. Conocida porque se han encontrado numerosos vestigios de su existencia en Europa hace entre 200.000 y 30.000 años. Desconocida por las muchas incógnitas que siguen emergiendo, incluida la primera: ¿por qué se extinguieron justo cuando hizo su aparición en el continente nuestra especie actual? Tampoco se sabe a ciencia cierta si eran capaces de hablar... ni si convivieron en el territorio compartido con el homo sapiens o las dos especies se ignoraron hasta que una, la nuestra, proliferó y la otra se perdió para siempre... Los científicos que se ocupan de los yacimientos de Pinilla del Valle pueden hacer aportaciones importantes para encontrar respuestas sobre la vida de los neandertales.

En España hay una quincena de yacimientos de esa especie —en la Cordillera Cantábrica, Levante y Andalucía—, pero ninguno en la meseta, donde no hay formaciones de calizas y, por tanto, no hay cuevas adecuadas que pudieran preservar los vestigios humanos durante miles de años”, añade Arsuaga. Pero Pinilla del Valle es la excepción. “Aquí sí hay calizas. Era como una visera de piedra en la que los neandertales se cobijarían a preparar la caza, tallar herramientas, comer... no es que vivieran dentro, en el sentido de vivienda; ellos vagaban por el campo y esto sería más bien un campamento en el que refugiarse cuando lo necesitaban”.

“El yacimiento, con mucho potencial, se extiende unos 150 metros de distancia y ahora estamos trabajando en tres zonas: la cueva del Camino, el abrigo de Navalmaillo y la cueva Des-Cubierta, con tres rangos temporales distintos”, comenta Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional, de la Comunidad de Madrid. Y recalca el peculiar nombre, con guion, jugando con la idea de la cueva descubierta y a la vez con su descripción física: un alero rocoso que se desplomó dejando la superficie destapada.

Allí mismo los neandertales debieron colocar una niña muerta, de dos años y medio o tres, en el suelo del refugio; encima pusieron dos lascas de piedra y un asta de uro y prendieron fuego. Baquedano explica que han encontrado unos dientes de aquella criatura, que ellos llaman la niña, aunque no tienen datos científicos para determinar el sexo, detalles sobre el asta y un trozo de carbón que ha aparecido hace solo unos días y que les facilitará una datación exacta. “Los enterramientos completos, con una estructura clara que permita reconstruir comportamientos, son muy raros en el mundo”, comenta el catedrático Arsuaga, codirector de las excavaciones de Atapuerca.

Junto a él, Baquedano muestra el punto donde han encontrado el carbón de aquella hoguera, tal vez ritual, que se podrá datar por la técnica del carbono 14. “Tenemos la convicción de que es una deposición intencionada del cuerpo de la niña; tal vez en los yacimientos de neandertales había más enterramientos y no se han reconocido como tales”, sugiere el director del museo. Lo cierto es que los neandertales cuidaban de alguna manera de sus muertos. Se han encontrado rastros en Francia e Israel.

En el valle madrileño, arqueólogos y paleontólogos se afanan a medida que pasan los días. Un total de 70 personas en tres yacimientos escarban los sedimentos con punzones y pinceles; se abren camino en la roca con taladradoras; lavan kilos y kilos de tierra extraída para que no se escape ni una minúscula pieza interesante... y se documenta cada centímetro excavado. Llevan ya una década haciendo este trabajo científico cada verano, “durante 40 días en dos turnos”, explica César Laplana, del museo regional.

Los nueve dientes de neandertal ya descubiertos tienen entre 60.000 y 90.000 años y varios han aparecido en lo que debieron ser madrigueras de hienas, que devorarían y triturarían los cuerpos. “Los dientes son el tejido orgánico más resistente, se conservan mejor que el resto del esqueleto y dan mucha información: dieta, enfermedades, paso o de niño a adulto...”, continúa Laplana.

Los neandertales vivieron tanto en el periodo interglacial como en el glacial”, explica Arsuaga. Tras un periodo de glaciación en que media Europa sería como Groenlandia hoy, empezó, hace unos 130.000 años, el período interglacial, con un clima que llegó a ser más cálido que el actual, hasta hace 85.000 años, cuando comenzó la última glaciación, que terminó hace 11.500 años. En las excavaciones de Pinilla correspondientes al interglacial aparecen muchos restos de gamos, un cérvido muy mediterráneo; tortugas; puercoespines y osos pardos, en lugar de osos cavernarios, como en la época glacial.

En la cueva Des-Cubierta, Javier Somoza, estudiante de la Universidad de Salamanca, se acerca a Baquedano y le enseña una pieza envuelta en un papel blanco: es una herramienta que acaba de extraer. “Sí, me he emocionado mucho”, dice Somoza. Es una pieza de cuarzo rosado.

Se han encontrado ya miles de herramientas de piedra. “La mejor piedra para tallas es el sílex, pero en esta zona no hay. Así que tuvieron que apañarse. Adaptaron su técnica de talla —musteriense— a lo que tenían, que es cuarzo. Es peor, pero sirve y significa toda una adaptación tecnológica admirable”. ¿Y para cazar? “Lanzas de madera con punta endurecida al fuego”. “Aquí, en este valle de yacimientos tan ricos, podemos averiguar muchas cosas sobre los neandertales, su vida y su muerte, su medio, su clima, su tecnología, su economía... Solo es cuestión de tiempo”, concluye el arqueólogo.

Carne de caza y bellotas en el menú

Los neandertales eran soberbios cazadores que se atrevían con rinocerontes, uros, caballos.... “Eran carnívoros. Y tenemos que investigar el componente vegetal de su dieta”, sugiere Arsuaga, señalando que en Europa en el territorio de los neandertales solo hay frutos disponibles para comer a finales de verano y otoño. Por eso no hay apenas monos, excepto macacos, que son pequeños, precisan pocas calorías y comen hojas. “Los ecosistemas en Europa son estacionales porque el clima es estacional y, en período de glaciación la situación es aún más extrema. Los neandertales tuvieron que ser carnívoros”, añade el paleontólogo.

Los homínidos primitivos, como el resto de los primates, vivieron en África, en el bosque tropical y subtropical, cuyos ecosistemas proporcionan alimento constante todo el año, argumenta Arsuaga, quien concluye: “Hubo que aprender a cazar para salir del trópico y extenderse por Eurasia, por eso tardaron tanto los homínidos en lograr desligarse de los ecosistemas tropicales”.

Los neandertales, que son ya muy avanzados en comparación con los australopitecos africanos —que comían raíces, frutas o, en todo caso, carroña—, practicaban caza mayor. Pero para vivir de esas capturas hace falta dominar un salto tecnológico muy importante que es hacerse herramientas para cortar y preparar las presas. “Un uro o un rinoceronte no los puedes comer a mordiscos, con la piel tan gruesa que tienen; hace falta cortar y trocear las piezas. No solo eran unos expertos cazadores; también dominaban la fabricación de piedras de filo para desgarrar y raederas para el cuero y la madera”, apunta Enrique Baquedano. “En estos yacimientos de Pinilla del Valle hemos encontrado miles de herramientas de piedra”, añade.

Pero los neandertales comieron algún tipo de vegetales. Arsuaga explica que una investigadora ha descubierto que el sarro de los dientes conserva almidón vegetal y así ha podido identificar las plantas que comían los individuos prehistóricos. “Los neandertales de Bélgica, en la época glacial, según indican los fósiles, comían raíces de junco, y los de Irak, dátiles. Estoy convencido de que los nuestros comían bellotas”, comenta.

domingo, 2 de setembro de 2012

Nós, os neandertais, os denisovanos e como tudo se complicou

In Público31.08.2012 - 12:09 Por Teresa Firmino
Réplica da falange que permitiu descobrir um novo grupo de humanos,
os denisovanos (Instituto Max Planck para a Antropologia Evolutiva)
A ponta de um dedo veio evidenciar ainda mais que, se há coisa que não é simples, é a história da evolução humana. Descoberto em 2008 na gruta Denisova, nos montes Altai, Sibéria, o pequeno osso da falange era afinal de um grupo de humanos desconhecido - os denisovanos, que viveram até há 30 mil anos. E se as surpresas não chegassem, também eles, tal como os neandertais, se reproduziram com a nossa espécie. Uma equipa publica nesta sexta-feira, na revista Science, a análise do genoma completo dos denisovanos, a partir do fragmento de dedo: dentro de nós há um pouco de neandertal e de denisovano, é verdade, mas a genética revelou agora uma nova teia de migrações e relações complexas entre nós e estes dois humanos já extintos.

A equipa de Svante Pääbo, do Instituto Max Planck para a Antropologia Evolutiva, Alemanha, já tinha ficado surpreendida com o que representava a descoberta da falange e de dois dentes molares. Quando os cientistas sequenciaram o ADN das mitocôndrias (as baterias das células), herdado só da parte da mãe e que está fora do núcleo celular, perceberam que era um novo grupo de humanos. O osso é de uma menina de cinco a sete anos de idade, que viveu há 80 mil anos. Tinha a pele escura, cabelos e olhos castanhos.

Em Maio de 2010, a revelação da sua existência espantou o mundo e, em Dezembro desse ano, a equipa de Pääbo avançava com a publicação de um primeiro rascunho do ADN do núcleo. Dizia já que os denisovanos se tinham misturado connosco e que a herança desse passado "promíscuo" não era igual em toda a Terra. Os europeus têm ADN dos neandertais, mas não têm material genético dos denisovanos, que por sua vez deixaram a sua pegada genética para os lados das ilhas da Melanésia.

No meio desta viagem à história da evolução humana através do ADN, a equipa de Pääbo disponibilizou na Internet, no início deste ano, toda a sequenciação do genoma dos denisovanos, para quem a quisesse usar na investigação. A leitura deste ADN antigo já era bastante rigorosa, graças a um método desenvolvido por Matthias Meyer, também do Instituto Max Planck, que permite ler até 30 vezes as letras do genoma (pequenas moléculas que compõem a grande molécula de ADN). Agora, a equipa aprofunda na Science as reflexões sobre essa informação e faz mais revelações, comparando o genoma da nossa espécie (os humanos modernos), dos denisovanos e dos neandertais. 

"Pudemos confirmar que parentes de um indivíduo da gruta Denisova contribuíram geneticamente para os antepassados das pessoas actuais na Nova Guiné, mas esse fluxo genético não afectou o resto das pessoas da Eurásia continental, incluindo o Sudeste da Ásia continental", disse um dos autores do artigo, o geneticista David Reich, da Faculdade de Medicina de Harvard, numa conferência organizada pela revista. "No entanto, é claro que os denisovanos contribuíram com 3% a 5% de material genético para os genomas das pessoas da Austrália, Nova Guiné, os nativos das Filipinas e de algumas ilhas das redondezas. A confirmação foi muito forte", acrescentou. 

Como se explica que o material genético dos denisovanos não se encontre sequer na Ásia continental, onde viveram, como mostra a falange e os dentes? "Diria que a mistura entre os denisovanos e os antepassados dos habitantes da Melanésia, Papuásia-Nova Guiné e aborígenes australianos deu-se provavelmente no Sudeste da Ásia continental. Quando os antepassados dos humanos modernos chegaram a essa área, encontraram-se com os denisovanos, misturaram-se e depois partiram para colonizar a Melanésia", disse Pääbo. 

E agora vem a última descoberta, aquela que complica tudo. Envolve os neandertais, extintos há cerca de 28 mil anos e que durante mais de 150 anos estiveram no centro da polémica sobre se eles e nós tínhamos feito sexo e deixado descendentes. Sim, tinham já concluído outros estudos de Pääbo.

"As pessoas das regiões Leste da Eurásia [Ásia] e os nativos americanos têm mais material genético dos neandertais do que as da Europa, apesar de os neandertais terem vivido sobretudo na Europa, o que é mesmo muito interessante", considerou David Reich. "Vemos que há uma contribuição dos neandertais ligeiramente superior na Ásia do que na Europa- em cerca de 20% -, o que é surpreendente, porque os neandertais viveram na Oeste da Ásia e na Europa", acrescentou Pääbo. 

Como aconteceu isto? De início, pensava-se que tinha havido um único intercâmbio genético entre neandertais e humanos modernos, que saíram de África há cerca de 50 mil anos. Talvez quando os dois tipos de humanos se encontraram no Médio Oriente. Depois a nossa espécie espalhou-se pelo mundo inteiro e teria levado consigo essa herança. 

"Agora tudo se tornou mais complicado com os neandertais", disse Pääbo. "Vemos que toda a gente fora de África teve uma contribuição dos neandertais. A maneira mais simples de explicar isto é que algo ocorreu assim que os humanos modernos saíram de África, se encontraram com os neandertais no Médio Oriente e se misturaram com eles." Como hipóteses, a equipa diz que pode ter havido uma segunda mistura entre humanos modernos e neandertais na Ásia Central, reforçando aí a carga genética destes. Ou a contribuição genética dos neandertais na Europa foi diluída com a chegada tardia de humanos modernos vindos de África e que não tinham um pouco de Neandertal no genoma.

sábado, 25 de agosto de 2012

Neanderthal breeding idea doubted

By Jonathan Ballin
 in BBC News

Neanderthals were close evolutionary cousins
of our own species - Homo sapiens
 
Similarities between the DNA of modern people and Neanderthals are more likely to have arisen from shared ancestry than interbreeding, a study reports.

That is according to research carried out at the University of Cambridge and published this week in PNAS journal.

Previously, it had been suggested that shared parts of the genomes of these two populations were the result of interbreeding.

However, the newly published research proposes a different explanation.

The origin of modern humans is a hotly debated topic; four main theories have arisen to describe the evolution of Homo sapiens.

All argue for an African origin, but an important distinction in these competing theories is whether or not interbreeding - or "hybridisation" - occurred between Homo sapiens and other members of the genus Homo.

In the current study, Cambridge evolutionary biologists Dr Anders Eriksson and Dr Andrea Manica used computer simulations to reassess the strength of evidence supporting hybridisation events.

They argue that the amount of DNA shared between modern Eurasian humans and Neanderthals - estimated at between 1-4% - can be explained if both arose from a geographically isolated population, most likely in North Africa, which shared a common ancestor around 300-350 thousand years ago.

When modern humans expanded out of Africa, around 60-70,000 years ago, they took that genetic similarity with them.

By contrast, previous ancient DNA studies of Neanderthal remainshave shown that their genomes harbour genetic signatures - polymorphisms - that are also seen in the genomes of modern Europeans, East Asians and Oceanians (from Papua New Guinea) but not in modern African populations.

Professor Julian Parkhill visits the Wellcome Collection
to unravel the science behind the genome
 
The findings challenged previously held views - based on several lines of evidence - that modern humans had replaced the Neanderthals with little or no gene flow occurring between the two groups.

The observations from the Neanderthal genome led some evolutionary biologists to argue that this genetic similarity had arisen through hybridisation between Neanderthals - already resident in Europe and western Asia - and the ancestors of present-day non-Africans.

Prof David Reich, from Harvard University in Cambridge, US - an exponent of the hybridisation theory - is not convinced that the data represents a powerful argument against interbreeding.

By using methods that are able to differentiate between genetic similarity caused by gene flow via hybridisation vs shared ancestry, he argues that "the patterns observed [in our analyses] are exactly what one would expect from recent gene flow" - a view shared by his collaborator Professor Svante Paabo from the Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology in Leipzig, Germany.

Prof Reich went on to say that their data shows that Neanderthals and non-Africans last exchanged genetic material 47-65,000 years ago.

sexta-feira, 20 de julho de 2012

Neanderthals ate their greens

Tooth analysis shows that european hominins roasted vegetables and may have used medicinal plants.
Matt Kaplan18 July 2012, in nature.com

Neanderthals have long been viewed as meat-eaters. The vision of them as inflexible carnivores has even been used to suggest that they went extinct around 25,000 years ago as a result of food scarcity, whereas omnivorous humans were able to survive. But evidence is mounting that plants were important to Neanderthal diets — and now a study reveals that those plants were roasted, and may have been used medicinally.

The finding comes from the El Sidrón Cave in northern Spain, where the roughly 50,000-year-old skeletal remains of at least 13 Neanderthals (Homo neanderthalensis) have been discovered. Many of these individuals had calcified layers of plaque on their teeth. Karen Hardy, an anthropologist at the Autonomous University of Barcelona in Spain, wondered whether it might be possible to use this plaque to take a closer look at the Neanderthal menu.

Neanderthals were thought to eat only meat,
but investigation of their dental plaque
suggests they consumed cooked plants.
MAURICIO ANTON/SPL
Using plaque to work out the diets of ancient animals is not entirely new, but Hardy has gone further by looking for organic compounds in the plaque. To do this she and a team including Stephen Buckley, an archaeological chemist at the University of York, UK, used gas chromatography and mass spectrometry to analyse the plaque collected from ten teeth belonging to five Neanderthal individuals from the cave.

The plaque contained a range of carbohydrates and starch granules, hinting that the Neanderthals had consumed a variety of plant species. By contrast, there were few lipids or proteins from meat.

Hardy and her colleagues also found, lurking in the plaque of a few specimens, a range of alkyl phenols, aromatic hydrocarbons and roasted starch granules that suggested that the Neanderthals had spent time in smoky areas and eaten cooked vegetables. The results are published today in Naturwissenschaften1.

The idea that Neanderthals were largely meat-eaters has been hard for me to accept given their membership in a mainly vegetarian clade. It is exciting to see this new set of techniques applied to understanding their palaeo-diet,” says Richard Wrangham, an anthropologist at Harvard University in Cambridge, Massachusetts.

Natural remedies
Among the compounds that Hardy found were chemicals from plants such as yarrow and camomile, which taste bitter and have no nutritional value. Genetic analysis has shown2 that Neanderthals had the ability to detect bitter tastes, raising questions about why they would intentionally eat such plants.

Michael Chazan, an anthropologist at the University of Toronto in Canada, suggests that the bitter-tasting plants were used in fire-making, and could have entered the diet as a by-product of cooking. Wrangham, by contrast, proposes that yarrow and camomile were used as seasoning.

Hardy disagrees with Wrangham. “The idea of Neanderthals sitting down for a bowl of salad stretches my imagination and there is no evidence of them having cooking pots, so soups seem unlikely,” she says. Hardy theorizes that the Neanderthals may have used the bitter plants as medicines ― modern herbalists use them as anti-inflamatories and antiseptics. “All modern higher primates make use of medicinal plants, so perhaps Neanderthals did too,” she says.

Regardless of why the Neanderthals consumed plants, perceptions of them and their diets are changing, says Lawrence Straus, an anthropologist at the University of New Mexico in Albuquerque. “As exceptional places like El Sidrón reveal just how wise and flexible Neanderthals were, more and more we are having to ask ourselves, why did they go extinct?”.

Hardy, K. et al. Naturwissenschaften http://dx.doi.org/10.1007/s00114-012-0942-0 (2012).
Lalueza-Fox, C., Gigli, E., de la Rasilla, M., Fortea, J. & Rosas, A. Biol. Lett. 5, 809–811 (2009).

sexta-feira, 22 de junho de 2012

Niño, asturiano y neandertal

Los investigadores del yacimiento de Sidrón (Piloña) consiguen reconstruir el esqueleto de uno de los trece individuos hallados en la cueva, el único de la península Ibérica

Antonio García Tabernero, Beatriz Fernández Cascón, Antonio Rosas y
Markus Bastir, con los fósiles del neandertal de Sidrón que han conseguido
reconstruir en el MNCN-CSIC. LNE

Los investigadores
Marco de la Rasilla - Profesor titular de Prehistoria de la Universidad de Oviedo, dirigió las excavaciones en Asturias de yacimientos como el Cuetu de la Mina (Llanes) y codirigió junto con Javier Fortea las investigaciones arqueológicas de las cuevas de Llonín, en Peñamellera Alta, y Sidrón, en Piloña. Ha especializado sus líneas de investigación en el Paleolítico Medio y Superior, el arte paleolítico y la historiografía de la arqueología prehistórica del primer tercio del siglo XX. Es coautor de varias publicaciones, entre las que figuran «La cueva de Sidrón (Borines, Piloña, Asturias). Investigación interdisciplinar de un grupo neandertal», junto a otras centradas en el arte rupestre en Asturias.
Antonio Rosas - Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, es director del grupo de paleoantropología y responsable de los estudios paleobiológicos de los neandertales de Sidrón. Fue, asimismo, miembro del equipo investigador de Atapuerca entre 1984 y 2005, y es autor de doscientos trabajos científicos especializados con publicaciones en «Science», «Nature», «PNAS», «Journal of Human Evolution», «American Journal of Physical Anthropology», etcétera. Es autor y editor de varios libros y artículos de divulgación, entre otros «Los neandertales», colección «¿Qué sabemos de?», editorial CSIC-La Catarata, 2010.
Carles Lalueza-Fox - investigador del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona y uno de los expertos mundiales en paleogenética. Investigador posdoctoral en universidades de Cambridge y Oxford, ha publicado numerosos artículos científicos en revistas internacionales sobre recuperación de material genético de especies extinguidas, como los mamuts, y en grupos humanos del pasado, incluyendo la primera recuperación de ADN de un neandertal ibérico. Colaborador en el proyecto «Genoma neandertal», ha publicado diversos libros de divulgación científica, entre ellos «Razas, racismo y diversidad», «Genes de neandertal» y «Cuando éramos caníbales».

Más de diez años ha costado ponerle imagen al hombre de Sidrón. Por fin, los investigadores lo han conseguido al reconstruir en un alto porcentaje el esqueleto de uno de los niños del grupo familiar de Piloña, un excelente resultado que permite poner cuerpo al primer neandertal de la península Ibérica tras un trabajo minucioso, casi de orfebre, que cierra con éxito uno de los proyectos más complejos a los que se han enfrentado los estudiosos de la evolución humana.

El grupo que residió en la falda del Sueve hace 49.000 años estaba formado por al menos trece individuos que los investigadores intentan perfilar hueso a hueso a partir de los más de dos mil fósiles óseos reunidos tras más de una década de excavaciones arqueológicas. Reconstruir la imagen de un neandertal adulto entraña enormes dificultades, aunque en este caso la circunstancia de contar entre los materiales exhumados en la cueva con restos de un niño entre los 6 y los 7 años de edad ha facilitado mucho las cosas, y el equipo de Sidrón ha conseguido poco menos que poner una pica en Flandes al acoplar uno de los pocos esqueletos neandertales del mundo.

En este caso, la edad del menor ha sido fundamental. El reducido tamaño de los huesos ha permitido diferenciarlos del resto de los fósiles, consiguiendo así dar forma al único esqueleto neandertal existente en la península Ibérica y uno de los neandertales juveniles más completos del mundo.

En el éxito tienen mucho que ver el trabajo realizado por el grupo de paleoantropología del MNCN-CSIC y, también, los hallazgos aportados por los trabajos arqueológicos y genéticos. Gracias a todos ellos sabemos algunas cosas del niño de Sidrón, entre ellas, que era chico y que atravesó como casi todos los neandertales un período de crisis durante la etapa del destete, algo que se ha podido observar con el estudio de los dientes. Más difícil es descubrir qué fue lo que le costó la vida a edad tan temprana, aunque la suya fue una muerte ligada a la del resto del grupo, sin que hasta el momento los científicos hayan podido averiguar cuál fue el origen de tan catastrófico final.

A pesar de contar apenas con 6 o 7 años de edad, el chico de Sidrón ya participaba en los trabajos del grupo familiar, según muestran las huellas observadas en sus dientes todavía infantiles. Como corresponde a su edad, aún conservaba algunos molares de leche y le estaban saliendo los incisivos definitivos.

Entre los trece individuos que formaban la familia neandertal de Piloña había siete adultos, de ellos tres de sexo femenino, tres de sexo masculino y uno indefinido al que no se pudo identificar hasta el momento, ya que sólo se han conseguido reunir tres molares del mismo. El resto del grupo está formado por adolescentes, juveniles y un infantil.

Uno de los juveniles es el chico de Sidrón cuya imagen acaba de ser configurada. A pesar de no estar completo el esqueleto, ha servido para aportar mucha información sobre la especie neandertal. Sabemos, por los estudios genéticos, que era hijo de una de las mujeres del grupo y que tenía un hermano de 2 o 3 años del que también se han recuperado algunos huesos.

En la reconstrucción del niño, la parte menos representada es la que correspondería a la cabeza. No hay huesos de la cara y el cráneo está muy fragmentado, mostrando algunos de los restos óseos claras señales de canibalismo, lo que indica que probablemente el interior del cráneo se utilizó tras su muerte para algún tipo de consumo, ya sea gastronómico o de índole simbólica o ritual. Sobre el canibalismo de los neandertales se ha escrito mucho, pero será difícil llegar a saber si el consumo que hacen de sus propios parientes está motivado por cuestiones de supervivencia en épocas de hambruna o si, por el contrario, tenía que ver con alguna significación vinculada al deseo de permanecer unidos después de la muerte.

Sí se ha podido reunir casi la totalidad de la dentición del maxilar y se conserva la mandíbula. El esqueleto axial está bien representado por algunas piezas de la columna vertebral, esternón y varias costillas, partes imprescindibles para conocer el desarrollo de la caja torácica y la función y la intensidad respiratoria.

Además, el esqueleto del chico de Sidrón cuenta con casi la totalidad de los huesos del brazo izquierdo: húmero, cubito y radio y huesos de la mano, mientras que el brazo derecho está menos representado. También aparecen partes de la pelvis que, entre otras cosas, evidencian que estamos ante un cuerpo masculino. De las extremidades inferiores se conserva un fémur de la pierna izquierda, un fragmento de fémur de la derecha y un pie casi completo. A estos restos óseos que permiten acercarse a lo que fue un niño neandertal quedan por añadir algunos fragmentos del esqueleto que aún no han llegado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde trabaja el equipo de Antonio Rosas. Son los procedentes de la excavación del verano de 2011, que aún permanecen en Oviedo a causa del parón sufrido por la tramitación de expedientes durante el último año.

Conocer el esqueleto del niño es, además de un éxito de los investigadores, una puerta abierta para al conocimiento de la especie que nos precedió. En la actualidad hay varias investigaciones en marcha, una de ellas es la que se desarrolla a partir de la dentición para averiguar el ritmo de crecimiento de la especie y ratificar que los neandertales tenían un desarrollo más rápido, es decir, a la misma edad estaban más desarrollados que nosotros. Se trata así de ver cómo es su patrón de desarrollo comparado con el nuestro. Los estudios de histología del hueso también nos llevarán a conocer cuál era la edad del chico en el momento de su muerte.

La reconstrucción del esqueleto ofrece posibilidades hasta ahora imposibles. Se va a poder comprobar si las distintas partes del cuerpo ofrecen los mismos datos sobre su desarrollo y se inicia así un camino que deja al descubierto la forma de crecimiento, objetivo indispensable para conocer cómo la evolución ha ido modelando el cuerpo. En este sentido, Antonio Rosas apostilla que «si creciésemos más deprisa seríamos diferentes».

Si hay algo de lo que el yacimiento de Sidrón puede presumir es del importante trabajo disciplinar que aglutina. Una de esas líneas de investigación es la que se centra en el ámbito de la genética, cuyas aportaciones han sido cruciales para llevar a buen puerto el genoma neandertal en 2010. Con su ayuda se pudieron identificar los distintos linajes presentes en el grupo humano localizado en la cueva. Ahora, los trabajos genéticos progresan en varias direcciones. La comparación del genoma neandertal con el del hombre moderno dejó una lista de unos ochenta genes que presentan cambios funcionales entre ambas especies, una lista que los científicos consideran corta para explicar las notables diferencias morfológicas existentes.

In lne.es

quinta-feira, 21 de junho de 2012

Virus “Fossils” Reveal Neanderthals’ Kin

An analysis of virus fossils suggests Denisovans, not humans, were Neanderthals' closest relatives.
Image courtesy of Flickr user Pabo76
Humans and Neanderthals are close cousins. So close, in fact, that some researchers argue the two hominids might actually be members of the same species. But a few years ago, anthropologists discovered a mysterious new type of hominid that shook up the family tree. Known only from a finger fragment, a molar tooth and the DNA derived from both, the Denisovans lived in Asia and were contemporaries of Neanderthals and modern humans. And they might have been Neanderthals’ closest relatives. A recent study of virus “fossils” provides new evidence of this relationship.

Hidden inside each, embedded in our DNA, are the genetic remnants of viral infections that afflicted our ancestors thousands, even millions of years ago. Most known virus fossils are retroviruses, the group that includes HIV. Consisting of a single strand of RNA, a retrovirus can’t reproduce on its own. After the retrovirus invades a host cell, an enzyme reads the RNA and builds a corresponding strand of DNA. The virus-derived DNA then implants itself into the host cell’s DNA. By modifying the host’s genetic blueprints, the virus tricks the host into making new copies of the retrovirus.

But sometimes the host fails to make new copies of the virus. If this happens in a sperm or egg cell, the virus DNA becomes a permanent part of the host’s genome and is passed on from generation to generation. These virus fossils have distinct genetic patterns that scientists can identify during DNA analyses. After the Human Genome Project was finished in 2003, researchers estimated that about 8 percent of human DNA is made up of virus DNA.

With that in mind, a team led by Jack Lenz of the Albert Einstein College of Medicine in New York used virus fossils as a way to sort out the degree of relatedness among humans, Neanderthals and Denisovans. The researchers discovered that most of the ancient viruses found in Denisovans and Neanderthals are also present in humans, implying that all three inherited the viral genetic material from a common ancestor. However, the team also found one virus fossil present in Neanderthals and Denisovans that is missing in humans. This implies Denisovans are more closely related to Neanderthals than we are, the researchers reported in Current Biology. Humans must have split off from the lineage leading to Neanderthals and Denisovans; then the infection occurred, and then Neanderthals and Denisovans split from each other.

This finding was not necessarily unexpected, as a previous genetic analysis also suggested Neanderthals and Denisovan are each other’s closest relatives. But it’s always nice to have confirmation. And the work demonstrates how ancient infections can be useful in the study of evolution.

sábado, 16 de junho de 2012

U-Series Dating of Paleolithic Art in 11 Caves in Spain

Pike et alli, 
Science 15 June 2012:
Vol. 336 no. 6087 pp. 1409-1413
DOI: 10.1126/science.1219957

ABSTRACT
Paleolithic cave art is an exceptional archive of early human symbolic behavior, but because obtaining reliable dates has been difficult, its chronology is still poorly understood after more than a century of study. We present uranium-series disequilibrium dates of calcite deposits overlying or underlying art found in 11 caves, including the United Nations Educational, Scientific, and Cultural Organization (UNESCO) World Heritage sites of Altamira, El Castillo, and Tito Bustillo, Spain. The results demonstrate that the tradition of decorating caves extends back at least to the Early Aurignacian period, with minimum ages of 40.8 thousand years for a red disk, 37.3 thousand years for a hand stencil, and 35.6 thousand years for a claviform-like symbol. These minimum ages reveal either that cave art was a part of the cultural repertoire of the first anatomically modern humans in Europe or that perhaps Neandertals also engaged in painting caves.


sexta-feira, 15 de junho de 2012

Os Neandertais poderão ter sido os primeiros artistas das cavernas

Há milhares e milhares de anos, numa gruta em Espanha, há um homem de cócoras, virado para a parede, muito concentrado no que está a fazer. Quem se aproxima pode vê-lo de costas, com uma mão apoiada na rocha, imerso numa ténue nuvem de pó vermelho. Está a pintar a sua mão em negativo, soprando suavemente para cima dela um pigmento. O homem sente uma presença e vira-se. E agora, aqui vai uma adivinha: é um Homo sapiens ou um Neandertal?

Umas destas imagens de mãos tem mais de 37 mil anos
e pode ter sido a de um Neandertal (Cortesia Pedro Saura)
Este é o enigma que tem agora pela frente uma equipa internacional de cientistas, da qual faz parte o conhecido arqueólogo português João Zilhão (actualmente a trabalhar na Universidade de Barcelona), cujos mais recentes resultados de datação de uma série de pinturas paleolíticas a publicar esta sexta-feira na revista Science, com direito às honras da capa da prestigiada publicação É que as novas datações fazem recuar, em cerca de dez mil anos, a idade das mais antigas pinturas das cavernas até agora conhecidas. E colocam, de facto, a hipótese de que os artistas destas obras tenham pertencido a esse outro tipo de humanos que conviveu com os homens modernos (nós) na Europa até à sua extinção, há cerca de 28 mil anos: os Neandertais.

Os cientistas, liderados por Alistair Pike, da Universidade de Bristol, no Reino Unido, utilizaram um método até aqui pouco explorado na arquelogia para datar 50 pinturas espalhadas por 11 grutas do Norte de Espanha, entre as quais a famosa gruta de Altamira e mais duas — as de El Castillo e Tito Bustillo —, que, tal como Altamira, são Património Mundial da Humanidade.

Grãozinhos de calcite

Ao contrário da tradicional datação por radiocarbono, a técnica agora utilizada não exige que as amostras analisadas contenham vestígios orgânicos. Mede a desintegração radioactiva do urânio contido nas minúsculas estalactites de calcite (carbonato de cálcio) que se foram depositando por cima das pinturas ao longo de milénios. “Esta técnica, dita das séries do urânio em desequilíbrio”, diz Pike em comunicado, “é muito utilizada nas ciências da Terra e permite contornar os problemas do radiocarbono”.

E como salienta no mesmo comunicado um outro elemento da equipa — Dirk Hoffmann, da Universidade de Burgos —, “o avanço-chave é que o nosso método torna possível a datação de amostras de apenas dez miligramas, mais ou menos do tamanho de um grão de arroz, o que nos permitiu analisar [os minúsculos] depósitos que cobrem as pinturas”.

O que é que a idade da calcite permite dizer? Que a pintura que se encontra debaixo do depósito é, no mínimo, tão antiga — se não mais — do que esse depósito. Ora, acontece que, entre todas pinturas analisadas, algumas revelaram ser vários milhares de anos mais antigas do que qualquer outra pintura das cavernas alguma vez datada por radiocarbono. Assim, a idade de um disco vermelho pintado na gruta de El Castillo tem, segundo a nova técnica, 40.800 anos no mínimo, a de uma marca de mão em negativo na mesma gruta pelo menos 37.300 anos — e, na gruta de Altamira, no célebre grande painel policromado representado no tecto (e pintado em grande parte há uns 15 mil anos), há um símbolo “claviforme” (em forma de maço) que remonta a mais de 35.600 anos.

Duas hipóteses

A antiguidade destas pinturas vem “destronar” as da gruta Chauvet, no Sul de França, estimada por radiocarbono 30 mil anos e recentemente confirmada por métodos indirectos (ver “As pinturas da gruta Chauvet são as mais antigas do mundo” no PÚBLICO de 08/05/2012).

Existem por enquanto dois cenários compatíveis com os resultados a publicar esta sexta-feira: ou os homens modernos já pintavam quando, há uns 41.500 anos, terão chegado à Europa (vindos de África) ou... os Neandertais, que já cá viviam há mais de 300 mil anos, terão sido “os primeiros artistas das cavernas”, como disse Zilhão numa teleconferência de imprensa organizada pela revista Science.

A confirmar-se, este segundo cenário viraria do avesso a história “oficial” da arte pré-histórica na Europa. “Acho que 42 mil anos é actualmente o limite absoluto para além do qual não existem indícios significativos que possamos associar à presença de humanos modernos na Europa”, salientou João Zilhão. “Não há nada, absolutamente nada, antes disso. Portanto, se as imagens tiverem mais de 42 mil anos [o que é possível, uma vez que a datação só fornece uma idade mínima], isso implicaria neste momento que foram pintadas por Neandertais.

14.06.2012 

terça-feira, 12 de junho de 2012

Homo Heidelbergensis Was Only Slightly Taller Than the Neanderthal

Homo heidelbergensis was only slightly taller than the Neanderthal.
(Credit: Image courtesy of Plataforma SINC)
ScienceDaily (June 6, 2012) — The reconstruction of 27 complete human limb bones found in Atapuerca (Burgos, Spain) has helped to determine the height of various species of the Pleistocene era.Homo heidelbergensis, like Neanderthals, were similar in height to the current population of the Mediterranean.

quinta-feira, 17 de maio de 2012

Humanity's Best Friend: How Dogs May Have Helped Humans Beat the Neanderthals

Over 20,000 years ago, humans won the evolutionary battle against Neanderthals. They may have had some assistance in that from their best friends.

Credits: Shutterstock/Pedro Jorge Henriques Monteiro
One of the most compelling -- and enduring -- mysteries in archaeology concerns the rise of early humans and the decline of Neanderthals. For about 250,000 years, Neanderthals lived and evolved, quite successfully, in the area that is now Europe. Somewhere between 45,000 and 35,000 years ago, early humans came along.

They proliferated in their new environment, their population increasing tenfold in the 10,000 years after they arrived; Neanderthals declined and finally died away.

What happened? What went so wrong for the Neanderthals -- and what went so right for us humans?

The cause, some theories go, may have been environmental, with Neanderthals' decline a byproduct of -- yikes -- climate change. It may have been social as humans developed the ability to cooperate and avail themselves of the evolutionary benefits of social cohesion. It may have been technological, with humans simply developing more advanced tools and hunting weapons that allowed them to snare food while their less-skilled counterparts starved away.

The Cambridge researchers Paul Mellars and Jennifer French have another theory, though. In a paper in the journal Science, they concluded that "numerical supremacy alone may have been a critical factor" in human dominance -- with humans simply crowding out the Neanderthals. Now, with an analysis in American Scientist, the anthropologist Pat Shipman is building on their work. After analyzing the Mellars and French paper and comparing it with the extant literature, Shipman has come to an intriguing conclusion: that humans' comparative evolutionary fitness owes itself to the domestication of dogs.

Yep. Man's best friend, Shipman suggests, might also be humanity's best friend. Dogs might have been the technology that allowed early humans to flourish.

Shipman analyzed the results of excavations of fossilized canid bones -- from Europe, during the time when humans and Neanderthals overlapped. Put together, they furnish some compelling evidence that early humans, first of all, engaged in ritualistic dog worship. Canid skeletons found at a 27,000-year-old site in Předmostí, of the Czech Republic, displayed the poses of early ritual burial. Drill marks in canid teeth found at the same site suggest that early humans used those teeth as jewelry -- and Paleolithic people, Shipman notes, rarely made adornments out of animals they simply used for food. There's also the more outlying fact that, like humans, dogs are rarely depicted in cave art -- a suggestion that cave painters might have regarded dogs not as the game animals they tended to depict, but as fellow-travelers.

Shipman speculates that the affinity between humans and dogs manifested itself mainly in the way that it would go on to do for many more thousands of years: in the hunt. Dogs would help humans to identify their prey; but they would also work, the theory goes, as beasts of burden -- playing the same role for early humans as they played for the Blackfeet and Hidatsa of the American West, who bred large, strong dogs specifically for hauling strapped-on packs. (Paleolithic dogs were big to begin with: They had, their skeletons suggest, a body mass of at least 70 pounds and a shoulder height of at least 2 feet -- which would make them, at minimum, the size of a modern-day German Shepherd.) Since transporting animal carcasses is an energy-intensive task, getting dogs to do that work would mean that humans could concentrate their energy on more productive endeavors: hunting, gathering, reproducing.

The possible result, Shipman argues, was a virtuous circle of cooperation -- one in which humans and their canine friends got stronger, together, over time.

There's another intriguing -- if conjecture-filled -- theory here, too. It could be, Shipman suggests, that dogs represented even more than companionate technologies to Paleolithic man. It could be that their cooperative proximity brought about its own effects on human evolution -- in the same way that the domestication of cattle led to humans developing the ability to digest milk. Shipman points to the "cooperative eye hypothesis," which builds on the observation that, compared to other primates, humans have highly visible sclerae (whites of the eyes). For purposes of lone hunting, sclerae represent a clear disadvantage: not only will your pesky eye-whites tend to stand out against a dark backdrop of a forest or rock, giving away your location, but they also reveal the direction of your gaze. It's hard to be a stealthy hunter when your eyes are constantly taking away your stealth.

Expressive eyes, however, for all their competitive disadvantage, have one big thing going for them: They're great at communicating. With early humans hunting in groups, "cooperative eyes" may have allowed them to "talk" with each other, silently and therefore effectively: windows to the soul that are also evolutionarily advantageous. And that, in turn, might have led to a more ingrained impulse toward cooperation. Human babies, studies have shown, will automatically follow a gaze once a connection is made. Eye contact is second nature to us; but it's a trait that makes us unique among our fellow primates.

Dogs, however, also recognize the power of the gaze. In a study conducted at Central European University, Shipman notes, "dogs performed as well as human infants at following the gaze of a speaker in tests in which the speaker's head is held still." Humans and their best friends share an affinity for eye contact -- and we are fairly unique in that affinity. There's a chance, Shipman says -- though there's much more work to be done before that chance can be converted even into a hypothesis -- that we evolved that affinity together.

"No genetic study has yet confirmed the prevalence or absence of white sclerae in Paleolithic modern humans or in Neanderthals," Shipman notes. "But if the white sclera mutation occurred more often among the former -- perhaps by chance -- this feature could have enhanced human-dog communication and promoted domestication."

Which is another way of saying that, to the extent dogs were an evolutionary technology, they may have been a technology that changed us for the better. The old truism -- we shape our tools, and afterward our tools shape us -- may be as old, and as true, as humanity itself.

segunda-feira, 5 de março de 2012

Evidence suggests Neanderthals took to boats before modern humans

The Reconstruction of the Funeral of 
Homo neanderthalensis. Captured in the
Hannover Zoo. (Via Wikipedia)
(PhysOrg.com) Neanderthals, considered either a sub-species of modern humans or a separate species altogether, lived from approximately 300,000 years ago to somewhere near 24,000 years ago, when they inexplicably disappeared, leaving behind traces of their DNA in some Middle Eastern people and artifacts strewn all across the southern part of Europe and extending into western Asia. Some of those artifacts, stone tools that are uniquely associated with them, have been found on islands in the Mediterranean Sea, suggesting, according to a paper published in the Journal of Archaeological Science, by George Ferentinos and colleagues, that Neanderthals had figured out how to travel by boat. And if they did, it appears they did so before modern humans.

More in PhysOrg.com

quarta-feira, 8 de fevereiro de 2012

La cueva de Nerja pelea por sus neandertales

Un análisis sugiere que las pinturas fueron realizadas por estos humanos extintos y que son las más antiguas de Europa

Hace 43.000 años, los neandertales se adentraron en la cueva de Nerja (Málaga), una catedral con enormes bóvedas cubiertas de estalactitas. Armados con antorchas alcanzaron las partes más profundas y se detuvieron en una cámara tan angosta que sólo dejaba sitio para un hombre. Alumbrado por el fuego, el humano hizo seis dibujos en las paredes de roca. En trazos gruesos y rojos pintó seis formas hinchadas y dispuestas en hilera sobre la columna húmeda de la estalactita como si fueran en procesión.
Esta narración, aún sin pruebas suficientes para convertirse en realidad, acaba de encender una nueva polémica científica. El origen es una nueva datación de carbón recogido en la cueva y que arroja una antigüedad inusitada. Las muestras más viejas corresponden a fragmentos tomados al pie de aquellas pinturas abultadas que, según los estudiosos de la cueva, representan seis focas.
"Tenemos dos dataciones de 43.000 y 45.000 años", asegura a este diario José Luis Sanchidrián , profesor de Geografía de la Universidad de Córdoba y director del proyecto de investigación de la cueva. "Ateniéndonos a las fechas y los paradigmas de poblaciones de Europa por los sapiens, esos carbones los llevaron allí los neandertales", explica Sanchidrián

Vista panorámica de la cueva de Nerja con la zona abierta al público en la parte inferior. iicn

El investigador dice que los datos suponen "una revolución". Si realmente las pinturas tuvieran esa antigüedad, serían de largo las más antiguas de Europa. Más aún, si realmente fueron los neandertales quienes las pintaron, las figuras de Nerja serían las únicas imágenes pintadas por esta especie que se conocen y demostrarían que los primos de los sapiens conocían el arte.
El tirón de la propuesta ha sido tal que algunos se han tirado a la piscina sin saber si hay agua. El primero en hacer la carpa ha sido Manuel Pimentel, exministro de Trabajo con Aznar y gran aficionado a la arqueología. "Es un descubrimiento cósmico", aseguró Pimentel durante una entrevista con Iker Jiménez para el programa Cuarto Milenio, en la que no dudó de que las pinturas de Nerja eran cosa de neandertales. "Yo convivo con los neandertales en muchas grutas, en muchas cuevas", añadió, enigmático.
Las imágenes de seis focas podrían ser el primer caso de pintura neandertal
La propuesta de Sanchidrián puede no ser descabellada, pero carece de base científica. Para tenerla, sus datos deben publicarse en una revista y ser contrastados, algo que aún no se ha hecho porque, según explica el profesor, su equipo "quiere datar más muestras" para hacer un "corpus contundente". Hasta entonces, sus hipótesis no son más que "palabras que se lleva el viento", según Antonio Rosas, investigador del CSIC experto en los neandertales desenterrados en la cueva de El Sidrón, en Asturias.
Los dibujos supuestamente neandertales de las estalactitas de Nerja fueron descubiertos en 1970. Para llegar a ellos hay que abrirse camino un kilómetro cueva adentro y son necesarias cuerdas y equipo de espeleología, explica Antonio Garrido, conservador de la cueva y presidente del instituto de investigación adscrito a ella. El lugar, de acceso restringido, es como un santuario "al que no se llega por casualidad" y cuya angostura contrasta con los grandes volúmenes de esta cueva de 300.000 metros cúbicos. Ante aquellas formas ambiguas, los investigadores bautizaron el lugar como "camarín de los pisciformes". Después se interpretó que eran en realidad seis focas.
"Sus características formales resultan únicas en todo el universo del arte paleolítico, no tienen parangón con nada", resalta Sanchidrián. "Las fechas nos dicen que los neandertales estuvieron arrastrándose en el minúsculo camarín de las focas de Nerja y esto es un bombazo", celebra.

"No me sorprendería que fuese así, pero no es lo más plausible", dice un experto

El conservador de Nerja no tiene las manos vacías. Además de las nuevas dataciones, en la cueva de Nerja han aparecido "raederas neandertales", según Garrido. Además hay abundantes restos de animales, incluidas focas. "Este era un lugar para comer y descansar", apunta el conservador. Por ahora, no hay huesos de neandertal, y sí de Homo sapiens posteriores. Sí hay neandertales en Zafarraya, otro yacimiento a unos 18 kilómetros datado en unos 30.000 años. Más al oeste, en Gibraltar, vivieron neandertales hasta hace unos 28.000 años. Después la especie desaparece dejando tras de sí uno de los mayores casos sin resolver de la evolución humana.
Probar que el camarín lo pintaron los neandertales sería demostrar que esta especie conocía el arte, algo que, por ahora, sigue reservado a los sapiens. Otras capacidades simbólicas, como el uso de adornos y tintes cosméticos, sí han sido demostrado en yacimientos españoles como la cueva de los Aviones, en Murcia.
"No me sorprendería que esas pinturas fuesen neandertales", opina Javier Baena, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid. "El problema es que no es la opción más plausible, sino la más rompedora", matiza el investigador, que está buscando restos neandertales en Higueral-Guardia, otro yacimiento malagueño. "Los trazos de Nerja dejan una interpretación formal muy abierta y, si fueran focas, no serían las únicas, ya que existen interpretaciones similares en arte rupestre del Cantábrico", advierte.

Según el director de la investigación de la cueva, los datos son "una revolución"

Las dataciones de Nerja son por ahora una excepción que no tumba la regla. De las 34 dataciones que se han hecho aquí hasta la fecha, sólo cuatro han arrojado las épocas tempranas que permitirían asociar las pinturas del camarín a los neandertales, según Garrido. Otras dataciones anteriores de las pinturas habían arrojado hasta ahora fechas de unos 24.000 años, añade.
El experto reconoce que de las muestras de carbón del suelo a las pinturas y su autor hay un gran trecho. De hecho, puede que hubiese allí alguien con una antorcha hace 43.000 años y que después fueran otros los que pintasen las paredes.
"No es descabellado que esta zona fuese un último reducto neandertal", señala Garrido, que no pone la mano en el fuego: "Nosotros no hemos dicho que sean neandertales", asegura.

Falta financiación
Si algo tiene claro Garrido es que en Nerja "se cuece algo musteriense [el tipo de herramientas neandertales]". Los investigadores quieren realizar una nueva datación más precisa de las pinturas. Los pigmentos de óxido de hierro con las que están hechas no se pueden datar directamente, ya que se destruiría la pintura, explica Sanchidrián. "Queremos datar una pequeña capa de calcita que cubre algunos trazos, eso sería ya definitivo", apunta el experto. Además hay aún otras muestras orgánicas que deben aún ser datadas y que podrían contribuir a inclinar la balanza a favor de los neandertales.
Todo eso depende de una financiación que en la actualidad está congelada. "El proyecto está paralizado por falta de subvención", señala Sanchidrián.
El parón se debe al cambio de gerente de la Fundación Cueva de Nerja, que es la encargada de financiar la conservación gracias al dinero que aportan las entradas que se cobran al público. El nombramiento del nuevo gerente corresponde al nuevo subdelegado del Gobierno nombrado por el PP. Hasta entonces, los investigadores están usando parte del presupuesto aprobado en 2009 para pagar "análisis", concluye Garrido.
NUÑO DOMÍNGUEZ, publico.es
08/02/2012 

terça-feira, 24 de janeiro de 2012

Los neandertales usaban pigmentos de ocre antes que los humanos modernos


pnas.org
La capacidad de elaborar y utilizar pigmentos de ocre no ha sido exclusiva de nuestra especie. Los neandertales también utilizaban este mineral, aunque no se sabe aún con qué finalidad, hace cerca de 250.000 años. La hipótesis de que los 'Homo sapiens' fueron los que trajeron a Eurasia el uso de este compuesto, que sirvió para decorar sus cuerpos y sus cuevas, ha dejado de ser válida tras el hallazgo de restos de ocre en un yacimiento holandés.

El descubrimiento se logró en dos sitios diferentes de Maastricht-Belvédère, en unas campañas de excavación entre 1980 y 1983, pero no ha sido hasta ahora cuando se ha podido confirmar a qué se debían esas manchas rojas que se encontraron junto a huesos de fauna, una gran cantidad de herramientas de piedra y restos de fuego en lo que fue un asentamiento de neandertales.

Nuevos análisis, realizados en el Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH) de Burgos y en la Universidad de Leiden (Países Bajos) han confirmado que se trata de manganeso y óxido de hierro, es decir, del mineral hematita. "Sabemos que ese mineral no existe en 60 kilómetros a la redonda del yacimiento, así que está claro que los neandertales lo llevaron hasta allí desde una larga distancia porque era un material valioso", señala el investigador holandés Mark J. Sier, que trabaja en ambas instituciones y ha sido el responsable de estos análisis, junto a Josep María Parés (CENIEH).

pnas.org
Los investigadores no saben con qué finalidad se utilizaba. "No hay pruebas de que lo utilizan para pintar o decorarse el cuerpo. Puede que lo usaran como medicina, como repelente de mosquitos o para curtir el cuero. No sabemos si tuvo un uso simbólico, aunque cuando se encuentra ocre en yacimientos de 'Homo sapiens' siempre se alude a su capacidad de simbolismo", apunta Sier.

El científico hace referencia a otros hallazgos recientes, realizados en Blombos (Sudáfrica), donde se encontraron restos de ocre en unas conchas y se aludió a su uso en el arte decorativo.

En Eurasia, asociados a neandertales, los restos más antiguos de ocre que se han encontrado tienen unos 60.000 años, en yacimientos de Francia (Terra Amata), en la República Checa (Becov) o España (Ambrona), pero fueron resultados muy polémicos y se ha defendido que eran fruto de 'imitación' por parte de esta especie a los 'sapiens' tras su salida de África.

Hematita con agua
Ahora, sin embargo, este hallazgo demuestra que casi 200.000 años antes de su llegada, una especie humana extinta ya era capaz de elaborar el pigmento moliendo el mineral y mezclándolo con agua. "Todo indica que su utilización fue algo que surgió de forma independiente en dos lugares y en dos especies humanas diferentes casi al mismo tiempo", señala el investigador holandés.

La hematita obtiene su nombre de una palabra griega que significa 'como la sangre' debido al color de su polvo. Gran parte del arte rupestre pintado por los humanos modernos utilizó este compuesto como pigmento y se sabe que también lo utilizaban para decorar los cuerpos.

En el artículo, publicado en la revista 'Proceedings of National Academy of Science' (PNAS), se prueba que el ocre no pudo llegar arrastrado por los sedimentos del río Mass, cercano al yacimiento. Lo más probable es que las manchas que han aparecido en varios sitios sean las que se cayeron de una solución líquida que cayó al suelo mientras se utilizaba y fue absorbida por la tierra.

Las herramientas de piedra que se encontraron al lado del pigmento están realizadas, todas ellas, con la técnica típica de los neandertales.

segunda-feira, 23 de janeiro de 2012

Cracking Open the Neanderthal Personality

Over the past few years, several studies have illuminated some of what happened during the brief period when modern humans and Neanderthals overlapped in Europe, with genetic analyses showing that the two groups interbred tens of thousands of years ago (though not frequently) and ancient remains suggesting that modern humans fought and—more controversially—ate their prominent-browed contemporaries.
It seems that humans and Neanderthals made occasional love and intermittent war, but what were those interludes of interaction actually like? What was going on inside those distinctive crania? It’s a tricky question to answer—behavior doesn’t fossilize—but anthropologist Thomas Wynn and psychologist Frederick L. Coolidge combine genetic and anthropological evidence with a healthy dose of well-informed speculation to offer an intriguing picture of how Neanderthals may have lived, thought, felt, and acted.
Wynn & Coolidge have a new book out on the subject, and they share a condensed version of their theory at New Scientist, offering answers to such questions as whether Neanderthals had a sense of humor (slapstick yes, subtleties no) and how their cognitive abilities compared to ours (less creativity and short-term memory, more learning by observation). And as for whether those bellicose and amorous interspecies overtures had to be conducted in pantomime, the researchers point to evidence suggesting that Neanderthals could speak—though if we could understand them, or they us, remains a mystery.

Overall, the portrait they paint of Neanderthals is an impressive, if not always flattering, one:
Jo or Joe Neanderthal would have been pragmatic, capable of leaving group members behind if necessary, and stoical, to deal with frequent injuries and lengthy convalescence. He or she had to be risk tolerant for hunting large beasts close up; they needed sympathy and empathy in their care of the injured and dead; and yet were neophobic, dogmatic and xenophobic.

quinta-feira, 22 de setembro de 2011

A los neandertales ibéricos también les gustaba el marisco

El descubrimiento ha sido realizado en la Cueva Bajondillo, en Torremolinos (Málaga) y supone el vestigio más antiguo de consumo de moluscos por parte de esta especie

Moluscos marinos y percebes,
un crustáceo cirrípedo de la familia
Scalpellidae que crece sobre las rocas
www.plosone.org
Un grupo de investigadores ha constatado que los neandertales ibéricos comían marisco hace 150.000 años, un descubrimiento realizado en la Cueva Bajondillo, en Torremolinos (Málaga), y que supone el vestigio más antiguo de consumo de moluscos por parte de esta especie encontrado hasta el momento.

Los resultados de este trabajo se publican en la revista PLoS ONE y son fruto de una colaboración de investigadores portugueses, ingleses, japoneses y españoles, que han liderado el estudio.

"Este descubrimiento sitúa a Cueva Bajondillo como el registro más antiguo de esta actividad en neandertales, ya que hasta ahora la prueba más arcaica localizada no superaba los 50.000 años", ha detallado Francisco Jiménez Espejo, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Según este experto, este descubrimiento no sólo es una cuestión de fechas, sino que "ya que tiene importantes implicaciones para el conocimiento de la evolución humana".

En este sentido, ha explicado que "muchos investigadores argumentan que el marisqueo es uno de los comportamientos que define a los humanos modernos y, en cierta medida, una ventaja adaptativa que permitió que el Homo sapiens se expandiera".

Sin embargo, ha continuado, esta investigación demuestra que, "en el mismo momento, los Homo sapiens del sur de África y los Homo neanderthalensis asentados en el sur de la Península Ibérica aprovechaban estos recursos".

Y es que hasta ahora los investigadores creían que las prácticas más antiguas de marisqueo las había realizado el Homo sapiens, según los hallazgos realizados en el yacimiento de Pinnacle Point (Sudáfrica), también hace unos 150.000 años.

Cueva Bajondillo cuenta con un registro compuesto por 19 estratos arqueológicos que supera los 150.000 años de antigüedad.

En ella se han documentado hasta la fecha, según ha informado el CSIC en una nota, indicios de asentamientos del Paleolítico medio, el Paleolítico superior, el Epipaleolítico y el Neolítico.

Este trabajo lo ha liderado el profesor de la Universidad de Sevilla Miguel Cortés Sánchez.

In Lavanguardia.com  | 15/09/2011 - 08:02h

segunda-feira, 29 de agosto de 2011

Hibridação com Neandertais melhorou resistência imunológica dos “homo sapiens”

Estudo sugere que devido a cruzamento o homem moderno ficou apto a sobreviver na Europa
in CienciaHoje, 2011-08-26

Quando saiu de África e rumou até à Europa, o homo sapiens teve contacto com o Homo neanderthalensis. Essa teoria ficou provada quando, há não muito tempo, investigadores do Instituto Max Plank (Alemanha) descobriram que o ser humano moderno europeu e asiático têm entre um e quatro por cento de DNA Neandertal.

Homem de Neandertal dotou "sapiens" de um melhor sistema imunitário
Um artigo agora publicado na «Science» vem acrescentar que a genética dos homo sapiens foi melhorada pelo cruzamento. A equipa de investigação identificou vários genes e regiões do DNA que foram ‘cedidos’ pela aquela espécie ao sistema imunitário que o ser humano ainda possui.

Dirigido por Peter Parham (Universidade de Stanford), o estudo permitiu conhecer os genomas tanto de Neandertais como de hominídeos de Denisova (espécie recentemente descoberta na gruta de Denisova, Sibéria).

Investigações anteriores tinham já sugerido que o cruzamento entre estes três hominídeos que habitavam o planeta há 60 mil anos aconteceu na Eurásia, razão pela qual se identificou 2,5 por cento de DNA Neandertal em todos os humanos não africanos. Também se detectou parte de DNA denisoviano em populações asiáticas, sobretudo na Melanésia, onde a percentagem de DNA ancestral ascende a seis por cento.

O que este estudo traz de novo é a importância da hibridação. As atenções dos investigadores centraram-se no sistema sistema antígeno leucocitário humano (HLA), pois este está submetido à pressão das doenças e entra facilmente em mutação.

A comparação das sequências genómicas mostrou que vários genes do HLA (como o B*51 e o C*07) eram próprios da evolução dos Neandertais e passaram para as populações de sapiens. O mesmo se passava com uma região chamada HLA classe I. As percentagens da presença entre os europeus era de 50 por cento, nos asiáticos de 80 por cento e nas populações da Papua Nova Guiné até 95 por cento. No entanto, não se encontrava entre a população africana.

Foram também encontrados nos asiáticos genes próprios do genoma dos hominídeos de Denisova.

Os autores defendem que a mestiçagem com outras espécies melhorou os humanos modernos para os defender de patogénicos presentes na Europa e na Ásia. Trata-se, afirma, de um “exemplo claro de selecção natural”: aqueles que possuíam os genes protectores, ou seja, os híbridos, ficaram mais aptos para sobreviver.

quarta-feira, 24 de agosto de 2011

El primer ganivet de fusta i amb mànec del món el va fabricar un neandertal a Capellades

L'equip d'Eudald Carbonell ha trobat l'artefacte, de 56.000 d'anys, a l'Abric Romaní, on van viure durant milers d'anys neandertals caçadors-recolectors

Reconstrucció de la peça
Jordi Mestre IPHES
Fa 56.000 anys, algun dels neandertals que vivien al jaciment de l'Abric Romaní, a Capellades, va ser el primer de tenir una genial i pràctica idea: fer un ganivet de fusta amb mànec. L'acaba de trobar l'equip de l'Eudald Carbonell, de l'Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES). És el registre arqueològic d'aquest tipus més antic del món. El mànec té forma ergonòmica i fa uns vuit centímetres. La fulla fa 15 centímetres i acaba en punta. Possiblement, la feien servir en tasques de recol·lecció o per mantenir el foc.

L'artefacte està parcialment carbonitzat, però s'ha conservat gràcies al travertí que caracteritza la construcció de l'estructura de l'Abric Romaní. Durant milers d'anys, hi vivien caçadors recol·lectors de neandertals. S'han trobat restes de cèrvids, calls i bòvids que possiblement formaven part de la seva dieta. Juntament amb aquests fòssils, s'han trobat altres eines de sílex i restes de fusta que utilitzaven com a combustible.

Els investigadors fa 30 anys que excaven en aquest jaciment. Se sap que els neandertals tenien una organització social complexa, però les eines que es van trobant aporten dades sobre la seva conducta i les seves activitats domèstiques.

quinta-feira, 11 de agosto de 2011

Ancient DNA reveals secrets of human history

Modern humans may have picked up key genes from extinct relatives


Ewen Callaway in nature

For a field that relies on fossils that have lain undisturbed for tens of thousands of years, ancient human genomics is moving at breakneck speed. Barely a year after the publication of the genomes of Neanderthals1 and of an extinct human population from Siberia2, scientists are racing to apply the work to answer questions about human evolution and history that would have been unfathomable just a few years ago.

The past months have seen a swathe of discoveries, from details about when Neanderthals and humans interbred, to the important disease-fighting genes that humans now have as a result of those trysts.


Neanderthals were large-bodied hunter-gatherers, named after the German valley where their bones were first discovered, who roamed Europe and parts of Asia from 400,000 years ago until about 30,000 years ago. The Neanderthal genome — shepherded by Svante Pääbo at the Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology in Leipzig, Germany — indicates that their evolutionary story began to split from the lineage of modern humans less than half a million years ago, when their common ancestor lived in Africa (see 'The human strain'). In December last year, Pääbo's team released the genetic blueprint of another population of ancient humans — unlike ourselves or the Neanderthals — that was based on DNA recovered from a 30,000–50,000-year-old finger bone found in a cave in Denisova in southern Siberia2. Palaeoanthropologists call these groups archaic humans, distinguishing them from modern Homo sapiens, which emerged in Africa only around 200,000 years ago.

Pääbo is amazed at how quickly the Neanderthal genome has been mined. At a genomics meeting last year, for example, Cory McLean, a graduate student at Stanford University in California, was scheduled to talk immediately after Pääbo presented the Neanderthal genome. Inspired, McLean had trawled through the just-released genome in the days before his talk. He discovered that Neanderthals, like humans, lacked a stretch of DNA that orchestrates the growth of spines on the penises of other primates, and promptly presented the find just after Pääbo presented his3.

Since then, scientists have fleshed out the details of one of the biggest surprises from the Neanderthal genome: humans living outside Africa owe up to 4% of their DNA to Neanderthals. One explanation might be that humans migrating out of Africa mated with Neanderthals, probably resident in the Middle East, before their offspring fanned out across Europe and Asia.

“These genomes are publicly available. There’s nothing stopping high-school students from doing this.” By comparing individual DNA letters in multiple modern human genomes with those in the Neanderthal genome, the date of that interbreeding has now been pinned down to 65,000–90,000 years ago. Montgomery Slatkin and Anna-Sapfo Malaspinas, theoretical geneticists from the University of California, Berkeley, presented the finding at the Society for Molecular Biology and Evolution meeting in Kyoto, Japan, held on 26–30 July.

Slatkin says that their result agrees with another study presented at the meeting that came from the group of David Reich, a geneticist at Harvard Medical School in Boston, Massachusetts, who was involved in sequencing both the Neanderthal and Denisova genomes. The dates also mesh with archaeological finds bookending early human migrations out of Africa to between about 50,000 and 100,000 years ago. Reich's team is now developing tools to find signs of more recent interbreeding that might have occurred after humans arrived in Asia and Europe.

More than genes
The denizens of Denisova also bred with contemporary humans, according to Pääbo and Reich's analysis2. But the only traces of their DNA to be found in modern humans were in residents of Melanesia, thousands of miles away from Denisova, suggesting that the Denisovans had once lived across Asia. In 2008, Pääbo's team set up a lab in Beijing to screen fossils that might contain Denisovan DNA, in the hope of learning more about them and their interactions with modern humans. Currently, the bone that yielded the Denisovan genome, and a single molar from the same cave, are their only known fossil remains, but other archaic human fossils from Asia could bear traces of this group.

Most of the Neanderthal genome was
sequenced from bones found in
Vindija cave, Croatia.
Max Planck Inst. Evol. Anthropol.
Even before the Neanderthal genome made its debut in May 2010, scientists had argued that humans may have acquired not just DNA from archaic humans, but useful traits too. Human gene variants linked to brain development and speech were proposed as candidates, only to be scotched after clos
er inspection of the Neanderthal genome. However, a study presented at a Royal Society symposium in London in June suggests that humans owe important disease-fighting genes to Neanderthals and Denisovans. Interbreeding endowed humans with a 'hybrid vigour' that helped them colonize the world, said Peter Parham, an immunogeneticist at Stanford University School of Medicine, California, at the symposium.

Parham's team compared a group of diverse immune genes — the human leukocyte antigen (HLA) genes — in Neanderthals, Denisovans and human groups from around the world. In several cases, Neanderthals and Denisovans carried versions of HLA genes that are abundant in modern humans in parts of Europe and Asia, but less common in Africans. Varying degrees of interbreeding could explain the mismatch, Parham says. He estimates that Europeans owe 50% of variants of one class of HLA gene to interbreeding, Asians 70–80%, and Papua New Guineans up to 95%.

"It does mean that some of us owe part of our immune-system function to Neanderthals," says Pääbo. However, John Hawks, a biological anthropologist at the University of Wisconsin-Madison, notes that many HLA genes pre-date humans' split from Neanderthals and Denisovans, and that the differences may have arisen by chance as the groups evolved.

Hawks, too, has been digging into the archaic genomes, and his team has already discovered that Neanderthals and Denisovans lack certain forms of genes that may help modern humans to fend off epidemic diseases, such as measles. This is hardly surprising: the low population density of hunter-gatherers meant that epidemics were unlikely, so they probably would not have benefited from these immune genes.

But Hawks's team is now using the find to test whether the defensive genes are linked to autoimmune diseases. In September, Hawks and his colleague Aaron Sams are scheduled to present data at a meeting of the European Society for the Study of Human Evolution in Leipzig, Germany, showing that the Denisovans lacked nearly all of the gene variants linked to coeliac disease, a gut autoimmune disorder present in modern humans. Hawks suspects that the variants may actually be in the same genes that are linked to epidemic resistance — if they are, further study could reveal how recently such autoimmune diseases arose in humans.

Unlike most scientists mining the ancient genomes, Hawks has reported some of his more prosaic findings — Denisovans didn't have red hair, for example — on his blog (see go.nature.com/irclra). "These genomes are publicly available. There's nothing stopping high-school students from doing this, and the kind of stuff that I'm putting out on my blog is the stuff that a smart high-school student could do." More significant (and closely guarded) insights will come from developing new methods for analysing ancient genomes to test hypotheses about evolution, he says.

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Pääbo, Reich and the other scientists involved in sequencing the ancient genomes are eager to see others run with their data, but caution that they need to be aware of the limitations. "They're really terrible-quality genomes", chock-full of gaps and errors and sections in which short stretches of DNA sequence have been put in the wrong place, says Reich. "There are a lot of traps in using these data, and if people are not careful they'll find all sorts of interesting things that are wrong." Pääbo's team is working on improving the quality of the sequences and including data from more Neanderthals and — he hopes — Denisovans.

Pääbo says that he and his team regularly receive e-mails from scientists asking them questions about using the ancient genomes, which they have attempted to make as user-friendly as possible. But if the first year of ancient human genomics is any indication, these requests will multiply as scientists find new applications for the genomes. "Maybe we should write a little booklet called archaic genomics for dummies," Pääbo says.

References
Green, R. E. et al. Science 328, 710-722 (2010). | Article | PubMed | ISI | ChemPort |
Reich, D. et al. Nature 468, 1053-1060 (2010). | Article | PubMed | ISI | ChemPort |
McLean, C. Y. et al. Nature 471, 216-219 (2011). | Article | PubMed | ISI | ChemPort |