Mostrar mensagens com a etiqueta EVOLUÇÃO HUMANA. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta EVOLUÇÃO HUMANA. Mostrar todas as mensagens

terça-feira, 11 de setembro de 2012

La respuesta está en el valle

Varios arqueólogos trabajan en el yacimiento de Pinilla del Valle (Madrid)
SANTI BURGOS
El valle de Lozoya, en la sierra madrileña de Guadarrama, bien podría llamarse el valle de los neandertales, dice el paleontólogo Juan Luis Arsuaga. “Está protegido por dos cuerdas de montañas, rico en fauna, ecológicamente privilegiado e ideal para los neandertales, un buen cazadero para ellos”. No es una hipótesis: en los yacimientos de Pinilla del Valle, junto al pantano, se han encontrado ya nueve dientes de neandertal, restos de fogatas y miles de fósiles de animales, incluidos enormes uros (cada uno mide como dos toros), rinocerontes y gamos, entre otros.

Los neandertales son una especie humana conocida y desconocida a la vez. Conocida porque se han encontrado numerosos vestigios de su existencia en Europa hace entre 200.000 y 30.000 años. Desconocida por las muchas incógnitas que siguen emergiendo, incluida la primera: ¿por qué se extinguieron justo cuando hizo su aparición en el continente nuestra especie actual? Tampoco se sabe a ciencia cierta si eran capaces de hablar... ni si convivieron en el territorio compartido con el homo sapiens o las dos especies se ignoraron hasta que una, la nuestra, proliferó y la otra se perdió para siempre... Los científicos que se ocupan de los yacimientos de Pinilla del Valle pueden hacer aportaciones importantes para encontrar respuestas sobre la vida de los neandertales.

En España hay una quincena de yacimientos de esa especie —en la Cordillera Cantábrica, Levante y Andalucía—, pero ninguno en la meseta, donde no hay formaciones de calizas y, por tanto, no hay cuevas adecuadas que pudieran preservar los vestigios humanos durante miles de años”, añade Arsuaga. Pero Pinilla del Valle es la excepción. “Aquí sí hay calizas. Era como una visera de piedra en la que los neandertales se cobijarían a preparar la caza, tallar herramientas, comer... no es que vivieran dentro, en el sentido de vivienda; ellos vagaban por el campo y esto sería más bien un campamento en el que refugiarse cuando lo necesitaban”.

“El yacimiento, con mucho potencial, se extiende unos 150 metros de distancia y ahora estamos trabajando en tres zonas: la cueva del Camino, el abrigo de Navalmaillo y la cueva Des-Cubierta, con tres rangos temporales distintos”, comenta Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional, de la Comunidad de Madrid. Y recalca el peculiar nombre, con guion, jugando con la idea de la cueva descubierta y a la vez con su descripción física: un alero rocoso que se desplomó dejando la superficie destapada.

Allí mismo los neandertales debieron colocar una niña muerta, de dos años y medio o tres, en el suelo del refugio; encima pusieron dos lascas de piedra y un asta de uro y prendieron fuego. Baquedano explica que han encontrado unos dientes de aquella criatura, que ellos llaman la niña, aunque no tienen datos científicos para determinar el sexo, detalles sobre el asta y un trozo de carbón que ha aparecido hace solo unos días y que les facilitará una datación exacta. “Los enterramientos completos, con una estructura clara que permita reconstruir comportamientos, son muy raros en el mundo”, comenta el catedrático Arsuaga, codirector de las excavaciones de Atapuerca.

Junto a él, Baquedano muestra el punto donde han encontrado el carbón de aquella hoguera, tal vez ritual, que se podrá datar por la técnica del carbono 14. “Tenemos la convicción de que es una deposición intencionada del cuerpo de la niña; tal vez en los yacimientos de neandertales había más enterramientos y no se han reconocido como tales”, sugiere el director del museo. Lo cierto es que los neandertales cuidaban de alguna manera de sus muertos. Se han encontrado rastros en Francia e Israel.

En el valle madrileño, arqueólogos y paleontólogos se afanan a medida que pasan los días. Un total de 70 personas en tres yacimientos escarban los sedimentos con punzones y pinceles; se abren camino en la roca con taladradoras; lavan kilos y kilos de tierra extraída para que no se escape ni una minúscula pieza interesante... y se documenta cada centímetro excavado. Llevan ya una década haciendo este trabajo científico cada verano, “durante 40 días en dos turnos”, explica César Laplana, del museo regional.

Los nueve dientes de neandertal ya descubiertos tienen entre 60.000 y 90.000 años y varios han aparecido en lo que debieron ser madrigueras de hienas, que devorarían y triturarían los cuerpos. “Los dientes son el tejido orgánico más resistente, se conservan mejor que el resto del esqueleto y dan mucha información: dieta, enfermedades, paso o de niño a adulto...”, continúa Laplana.

Los neandertales vivieron tanto en el periodo interglacial como en el glacial”, explica Arsuaga. Tras un periodo de glaciación en que media Europa sería como Groenlandia hoy, empezó, hace unos 130.000 años, el período interglacial, con un clima que llegó a ser más cálido que el actual, hasta hace 85.000 años, cuando comenzó la última glaciación, que terminó hace 11.500 años. En las excavaciones de Pinilla correspondientes al interglacial aparecen muchos restos de gamos, un cérvido muy mediterráneo; tortugas; puercoespines y osos pardos, en lugar de osos cavernarios, como en la época glacial.

En la cueva Des-Cubierta, Javier Somoza, estudiante de la Universidad de Salamanca, se acerca a Baquedano y le enseña una pieza envuelta en un papel blanco: es una herramienta que acaba de extraer. “Sí, me he emocionado mucho”, dice Somoza. Es una pieza de cuarzo rosado.

Se han encontrado ya miles de herramientas de piedra. “La mejor piedra para tallas es el sílex, pero en esta zona no hay. Así que tuvieron que apañarse. Adaptaron su técnica de talla —musteriense— a lo que tenían, que es cuarzo. Es peor, pero sirve y significa toda una adaptación tecnológica admirable”. ¿Y para cazar? “Lanzas de madera con punta endurecida al fuego”. “Aquí, en este valle de yacimientos tan ricos, podemos averiguar muchas cosas sobre los neandertales, su vida y su muerte, su medio, su clima, su tecnología, su economía... Solo es cuestión de tiempo”, concluye el arqueólogo.

Carne de caza y bellotas en el menú

Los neandertales eran soberbios cazadores que se atrevían con rinocerontes, uros, caballos.... “Eran carnívoros. Y tenemos que investigar el componente vegetal de su dieta”, sugiere Arsuaga, señalando que en Europa en el territorio de los neandertales solo hay frutos disponibles para comer a finales de verano y otoño. Por eso no hay apenas monos, excepto macacos, que son pequeños, precisan pocas calorías y comen hojas. “Los ecosistemas en Europa son estacionales porque el clima es estacional y, en período de glaciación la situación es aún más extrema. Los neandertales tuvieron que ser carnívoros”, añade el paleontólogo.

Los homínidos primitivos, como el resto de los primates, vivieron en África, en el bosque tropical y subtropical, cuyos ecosistemas proporcionan alimento constante todo el año, argumenta Arsuaga, quien concluye: “Hubo que aprender a cazar para salir del trópico y extenderse por Eurasia, por eso tardaron tanto los homínidos en lograr desligarse de los ecosistemas tropicales”.

Los neandertales, que son ya muy avanzados en comparación con los australopitecos africanos —que comían raíces, frutas o, en todo caso, carroña—, practicaban caza mayor. Pero para vivir de esas capturas hace falta dominar un salto tecnológico muy importante que es hacerse herramientas para cortar y preparar las presas. “Un uro o un rinoceronte no los puedes comer a mordiscos, con la piel tan gruesa que tienen; hace falta cortar y trocear las piezas. No solo eran unos expertos cazadores; también dominaban la fabricación de piedras de filo para desgarrar y raederas para el cuero y la madera”, apunta Enrique Baquedano. “En estos yacimientos de Pinilla del Valle hemos encontrado miles de herramientas de piedra”, añade.

Pero los neandertales comieron algún tipo de vegetales. Arsuaga explica que una investigadora ha descubierto que el sarro de los dientes conserva almidón vegetal y así ha podido identificar las plantas que comían los individuos prehistóricos. “Los neandertales de Bélgica, en la época glacial, según indican los fósiles, comían raíces de junco, y los de Irak, dátiles. Estoy convencido de que los nuestros comían bellotas”, comenta.

domingo, 2 de setembro de 2012

Nós, os neandertais, os denisovanos e como tudo se complicou

In Público31.08.2012 - 12:09 Por Teresa Firmino
Réplica da falange que permitiu descobrir um novo grupo de humanos,
os denisovanos (Instituto Max Planck para a Antropologia Evolutiva)
A ponta de um dedo veio evidenciar ainda mais que, se há coisa que não é simples, é a história da evolução humana. Descoberto em 2008 na gruta Denisova, nos montes Altai, Sibéria, o pequeno osso da falange era afinal de um grupo de humanos desconhecido - os denisovanos, que viveram até há 30 mil anos. E se as surpresas não chegassem, também eles, tal como os neandertais, se reproduziram com a nossa espécie. Uma equipa publica nesta sexta-feira, na revista Science, a análise do genoma completo dos denisovanos, a partir do fragmento de dedo: dentro de nós há um pouco de neandertal e de denisovano, é verdade, mas a genética revelou agora uma nova teia de migrações e relações complexas entre nós e estes dois humanos já extintos.

A equipa de Svante Pääbo, do Instituto Max Planck para a Antropologia Evolutiva, Alemanha, já tinha ficado surpreendida com o que representava a descoberta da falange e de dois dentes molares. Quando os cientistas sequenciaram o ADN das mitocôndrias (as baterias das células), herdado só da parte da mãe e que está fora do núcleo celular, perceberam que era um novo grupo de humanos. O osso é de uma menina de cinco a sete anos de idade, que viveu há 80 mil anos. Tinha a pele escura, cabelos e olhos castanhos.

Em Maio de 2010, a revelação da sua existência espantou o mundo e, em Dezembro desse ano, a equipa de Pääbo avançava com a publicação de um primeiro rascunho do ADN do núcleo. Dizia já que os denisovanos se tinham misturado connosco e que a herança desse passado "promíscuo" não era igual em toda a Terra. Os europeus têm ADN dos neandertais, mas não têm material genético dos denisovanos, que por sua vez deixaram a sua pegada genética para os lados das ilhas da Melanésia.

No meio desta viagem à história da evolução humana através do ADN, a equipa de Pääbo disponibilizou na Internet, no início deste ano, toda a sequenciação do genoma dos denisovanos, para quem a quisesse usar na investigação. A leitura deste ADN antigo já era bastante rigorosa, graças a um método desenvolvido por Matthias Meyer, também do Instituto Max Planck, que permite ler até 30 vezes as letras do genoma (pequenas moléculas que compõem a grande molécula de ADN). Agora, a equipa aprofunda na Science as reflexões sobre essa informação e faz mais revelações, comparando o genoma da nossa espécie (os humanos modernos), dos denisovanos e dos neandertais. 

"Pudemos confirmar que parentes de um indivíduo da gruta Denisova contribuíram geneticamente para os antepassados das pessoas actuais na Nova Guiné, mas esse fluxo genético não afectou o resto das pessoas da Eurásia continental, incluindo o Sudeste da Ásia continental", disse um dos autores do artigo, o geneticista David Reich, da Faculdade de Medicina de Harvard, numa conferência organizada pela revista. "No entanto, é claro que os denisovanos contribuíram com 3% a 5% de material genético para os genomas das pessoas da Austrália, Nova Guiné, os nativos das Filipinas e de algumas ilhas das redondezas. A confirmação foi muito forte", acrescentou. 

Como se explica que o material genético dos denisovanos não se encontre sequer na Ásia continental, onde viveram, como mostra a falange e os dentes? "Diria que a mistura entre os denisovanos e os antepassados dos habitantes da Melanésia, Papuásia-Nova Guiné e aborígenes australianos deu-se provavelmente no Sudeste da Ásia continental. Quando os antepassados dos humanos modernos chegaram a essa área, encontraram-se com os denisovanos, misturaram-se e depois partiram para colonizar a Melanésia", disse Pääbo. 

E agora vem a última descoberta, aquela que complica tudo. Envolve os neandertais, extintos há cerca de 28 mil anos e que durante mais de 150 anos estiveram no centro da polémica sobre se eles e nós tínhamos feito sexo e deixado descendentes. Sim, tinham já concluído outros estudos de Pääbo.

"As pessoas das regiões Leste da Eurásia [Ásia] e os nativos americanos têm mais material genético dos neandertais do que as da Europa, apesar de os neandertais terem vivido sobretudo na Europa, o que é mesmo muito interessante", considerou David Reich. "Vemos que há uma contribuição dos neandertais ligeiramente superior na Ásia do que na Europa- em cerca de 20% -, o que é surpreendente, porque os neandertais viveram na Oeste da Ásia e na Europa", acrescentou Pääbo. 

Como aconteceu isto? De início, pensava-se que tinha havido um único intercâmbio genético entre neandertais e humanos modernos, que saíram de África há cerca de 50 mil anos. Talvez quando os dois tipos de humanos se encontraram no Médio Oriente. Depois a nossa espécie espalhou-se pelo mundo inteiro e teria levado consigo essa herança. 

"Agora tudo se tornou mais complicado com os neandertais", disse Pääbo. "Vemos que toda a gente fora de África teve uma contribuição dos neandertais. A maneira mais simples de explicar isto é que algo ocorreu assim que os humanos modernos saíram de África, se encontraram com os neandertais no Médio Oriente e se misturaram com eles." Como hipóteses, a equipa diz que pode ter havido uma segunda mistura entre humanos modernos e neandertais na Ásia Central, reforçando aí a carga genética destes. Ou a contribuição genética dos neandertais na Europa foi diluída com a chegada tardia de humanos modernos vindos de África e que não tinham um pouco de Neandertal no genoma.

sábado, 25 de agosto de 2012

Migrações humanas começaram mais cedo do que se pensava

Um esqueleto muito antigo foi encontrado numa gruta nas montanhas Anamitas, no norte do Laos. Os fragmentos demonstram que as migrações humanas para o Sudeste Asiático começaram 20 mil anos antes do que se pensava, segundo revelou um estudo norte-americano publicado na PNAS.

Os fragmentos, onde se encontrava também um crânio, têm entre 46 mil e 63 mil anos – constituindo os restos humanos mais antigos até agora descobertos no e sugere que o êxodo não ocorreu apenas junto à costa marítima.

A descoberta vem mostrar ainda que os primeiros seres humanos também se instalaram no interior em locais pouco conhecidos, quando se deslocaram da áfrica para a Austrália, segundo refere no estudo Laura Shackelford, paleoantropóloga da Universidade de Illinois (EUA).

A investigadora considera que o fóssil encontrado apoia o Modelo Fora de África (ou Hipótese da origem única) que defende que todos os seres humanos hoje vivos descendem de um único grupo de Homo sapiens, surgido entre há 200 mil e 100 mil anos, que teria deixado posteriormente o continente africano há aproximadamente três mil gerações, ou entre 55 mil e 60 mil anos.

Os resultados de estudos genéticos levados a cabo pela equipa de Shackelford indicam a passagem dos primeiros humanos na região há pelo menos 60 mil anos.

Neanderthal breeding idea doubted

By Jonathan Ballin
 in BBC News

Neanderthals were close evolutionary cousins
of our own species - Homo sapiens
 
Similarities between the DNA of modern people and Neanderthals are more likely to have arisen from shared ancestry than interbreeding, a study reports.

That is according to research carried out at the University of Cambridge and published this week in PNAS journal.

Previously, it had been suggested that shared parts of the genomes of these two populations were the result of interbreeding.

However, the newly published research proposes a different explanation.

The origin of modern humans is a hotly debated topic; four main theories have arisen to describe the evolution of Homo sapiens.

All argue for an African origin, but an important distinction in these competing theories is whether or not interbreeding - or "hybridisation" - occurred between Homo sapiens and other members of the genus Homo.

In the current study, Cambridge evolutionary biologists Dr Anders Eriksson and Dr Andrea Manica used computer simulations to reassess the strength of evidence supporting hybridisation events.

They argue that the amount of DNA shared between modern Eurasian humans and Neanderthals - estimated at between 1-4% - can be explained if both arose from a geographically isolated population, most likely in North Africa, which shared a common ancestor around 300-350 thousand years ago.

When modern humans expanded out of Africa, around 60-70,000 years ago, they took that genetic similarity with them.

By contrast, previous ancient DNA studies of Neanderthal remainshave shown that their genomes harbour genetic signatures - polymorphisms - that are also seen in the genomes of modern Europeans, East Asians and Oceanians (from Papua New Guinea) but not in modern African populations.

Professor Julian Parkhill visits the Wellcome Collection
to unravel the science behind the genome
 
The findings challenged previously held views - based on several lines of evidence - that modern humans had replaced the Neanderthals with little or no gene flow occurring between the two groups.

The observations from the Neanderthal genome led some evolutionary biologists to argue that this genetic similarity had arisen through hybridisation between Neanderthals - already resident in Europe and western Asia - and the ancestors of present-day non-Africans.

Prof David Reich, from Harvard University in Cambridge, US - an exponent of the hybridisation theory - is not convinced that the data represents a powerful argument against interbreeding.

By using methods that are able to differentiate between genetic similarity caused by gene flow via hybridisation vs shared ancestry, he argues that "the patterns observed [in our analyses] are exactly what one would expect from recent gene flow" - a view shared by his collaborator Professor Svante Paabo from the Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology in Leipzig, Germany.

Prof Reich went on to say that their data shows that Neanderthals and non-Africans last exchanged genetic material 47-65,000 years ago.

quinta-feira, 9 de agosto de 2012

Flat-Faced Early Humans Confirmed—Lived Among Other Human Species

A new fossil jaw is among evidence for a new human species.
Photograph courtesy Mike Hettwer, National Geographic

New fossils recast a flat-faced oddity as a star species in the first chapter of the human story—perhaps even as our oldest known truly human ancestor.

At the least, the fossils confirm that at least three different human species inhabited the same Kenyan neighborhood at the dawn of humanity, according to a new study led by paleontologists Meave and Louise Leakey.


Consisting of a face, a complete lower jaw, and part of a second jaw, the new fossils were found east of Kenya's Lake Turkana between 2007 and 2009. The products of a 40-year search, they provide the needed evidence to confirm that a disputed skull found in 1972 does in fact represent a new species, the team says.

Dated to between 1.78 and 1.95 million years ago, the remains were uncovered within six miles (ten kilometers) of the 1972 skull, which was discovered by Meave Leakey's husband, paleoanthropologist Richard Leakey.

Known as KNM-ER 1470—"1470" for short—the skull has "always been an enigma," said Meave, of the Koobi Fora Research Project.

"We've never known exactly what it was and how it fitted in with anything else."


Now, finally, "we know that flat face is real—it isn't just an aberrant specimen," said Meave, a National Geographic Society explorer-in-residence. (National Geographic News is a division of the Society.)

Not an aberrant specimen, the study makes clear, but a different species from the early Homo varieties previously known to have inhabited Turkana: Homo habilis ("handy man"), the presumed tool user conventionally seen as the earliest known Homo species, and Homo erectus, the "upright man" believed to be a direct ancestor of our own species (time line of human evolution).

"With these new fossils," Meave said, "we can definitely say there are two groups of non-erectus" living side-by-side at Lake Turkana.


Flat Face for 1470

"As opposed to other species of Homo, which had rather protruding faces, what would have struck you was how flat and broad the face was," Meave said of 1470.

"The brain case is beginning to get a little bit of a forehead, because it's quite a big brain in there, but nothing like the brain of Homo erectus," which likely arose later, she added.

For now the study team is avoiding the previously proposed name for the flat-faced species, H. rudolfensis, because the relationships between the fossil specimens and the species names remains uncertain.

Further research may show that a key H. habilis fossil should be grouped in the same species as 1470, in which case 1470 would itself be classified as H. habilis, and some smaller, more primitive-looking fossils currently called H. habilis would be given another name

While this creates a bit of an academic headache, it doesn't affect the fact that "the new finds allow us to reclassify the whole collection of non-erectus fossils into two groups which have clear defining statistics," the Leakeys' team writes in a statement.

Physical anthropologist William Kimbel agrees.

The latest fossils "go a long way to easing concerns about whether 1470 could be a one-off—just an odd variant of Homo habilis, for example," said Kimbel, director of the Institute of Human Origins at Arizona State University, who wasn't part of the study team.


Our Oldest Homo Ancestor?

If we now have two Homo species at the base of the human tree, which of them gave rise to Homo erectus, our direct ancestor?

Kimbel thinks the anatomy of H. habilis—which had a smaller, more protruding face than 1470—makes it a more likely ancestor for H. erectus. "But," he added, "I've heard arguments to the contrary."

Bernard Wood, professor of human origins at the George Washington University, noted that 1470 probably had a larger brain than H. habilis, "but that doesn't necessarily make [1470] an ancestor for Homo erectus."

"Some of the smaller Homo erectus crania have remarkably small brains," suggesting that H. erectus' big brain may have developed within the species, as opposed to being inherited from an ancestral species.

Because the new species is known from only skull fragments, Wood likens the puzzle to "trying to work out the relationship between three motor cars when all you've got are bits of the gear box."


Three's Company?

Another question is how the three early humans co-existed without stepping on each other's toes.

"Given the fact that they were all terrestrial bipeds of one sort or another," differences in how the three species made a living—and where they chose to live—would have come down to diet, as opposed to, say, climbing ability, Arizona State's Kimbel said.

One possible clue emerging from the study is that 1470 and its kind were powerful chewers.

"The cheek bones are so far forward it means they would have been able to use quite a strong biting force," Meave Leakey said.

With a chewing advantage, 1470 may have gravitated toward areas rich with nuts or tough fruits, or perhaps even meat, leaving the softer stuff to erectus andhabilis. (Related: "Lucy the Butcher? Tool Use Pushed Back 800,000 Years.")

It could also be that these early human species just plain got along.

"Modern primates are generally very good at living together," Leakey said. "You can see troops of monkeys composed of at least two species, if not more."

One thing's for sure: Untangling our roots at Turkana isn't going to be easy, George Washington University's Wood said.

"Darwin said it was going to be very difficult to locate the origin of Homo," Wood said. "I think, as usual with Darwin, he was right on the money."

Corrected: Original version incorrectly said the new species as a whole was tentativey being called 1477
after the fossil specimen identified by that number.

James Owen, for National Geographic News
Updated 7:25 p.m. ET, August 8, 2012

Neanderthals Self-Medicated?

Neanderthals may have been gatherers and hunters (file picture of a model of a Neanderthal woman).
Photograph by Joe McNally, National Geographic
A cave in northern Spain that previously yielded evidence of Neanderthals as brain-eating cannibals now suggests the prehistoric humans ate their greens and used herbal remedies.

A new study of skeletal remains from El Sidrón cave site in Asturias (map)detected chemical and food traces on the teeth of five Neanderthals. (Take aNeanderthal quiz in National Geographic magazine.)

Tartar samples from the 50,000-year-old teeth revealed microscopic plant starch granules, which had cracks indicating the plants had been roasted first. Further chemical analysis revealed compounds associated with wood smoke.

Starch and carbohydrates in the tartar show the Neanderthals ate a variety of plants, but there were surprisingly few traces of meat-associated proteins or lipids.

Not only did our extinct cousins prefer grilling vegetables to steaks, they were also dosing themselves with medicinal plants, according to a team led by Karen Hardy, an archaeologist at the Catalan Institution for Research and Advanced Studies in Barcelona.

The cave dwellers' diet was found to include yarrow and chamomile, both bitter-tasting plants with little nutritional value. Earlier research by the same team had shown that the Neanderthals in El Sidrón had a gene for tasting bitter substances.

"We know that Neanderthals would find these plants bitter, so it is likely these plants must have been selected for reasons other than taste"—probably medication, Hardy said in a statement.

"It fits in well with the behavioral pattern of self-medication by today's higher primates, and indeed many other animals."


It's impossible to know what cures Neanderthals sought from the plants, but people use them today to treat a variety of ailments, she noted.

"Chamomile is very well known as a herbal treatment for nerves and stress, and for digestive disorders," while yarrow is used to treat colds and fevers and works as an antiseptic, she said.

Veggie-Loving Neanderthals

The research adds to recent findings that question the Neanderthals' reputation as inflexible carnivores—previously cited as a reason why modern humans, able to draw on a wider variety of food sources, gained a competitive edge over their heavy-browed cousins.

"Our results do add to the growing picture of plant consumption by Neanderthals," said Hardy, who worked with archaeological chemist Stephen Buckley of the University of York.


And she sees no reason to view this Spanish population as a veggie-loving anomaly.

"I do not see why they should be unusual," Hardy said.

"It will be very interesting, though, to conduct this type of study on Neanderthal populations living in different environments."

The Neanderthal study was published July 18 in the journal Naturwissenschaften.
By James Owen, for National Geographic News
Published July 20, 2012

Família Leakey confirma que houve três espécies entre os primeiros humanos

O crânio de dois milhões de anos descoberto em 1972,
numa montagem com uma mandíbula encontrada em 2009
(Fred Spoor)
Há dois milhões de anos, o nosso antepassado directo, o Homo erectus, não estava sozinho no mundo. Acompanhavam-no pelo menos mais duas espécies de humanos — uma tinha a cara comprida e achatada — e é isso que confirmou a descoberta de fósseis no Quénia, entre 2007 e 2009, anuncia uma equipa de cientistas, composta por Meave e Louise Leakey, na edição desta quinta-feira na revista Nature. 

Mas a história desta descoberta remete-nos para 1972, quando um crânio veio lançar a confusão. Tinha sido encontrado em Koobi Fora, perto do lago Turkana, no Norte do Quénia. É um local inóspito, mas considerado um dos berços da humanidade, onde o famoso clã Leakey, que faz importantes descobertas paleoantropológicas desde 1930, trabalha há largos anos. Logo em 1973, na Nature, Richard Leakey, então dos Museus Nacionais do Quénia, atribuiu o crânio provisoriamente ao género Homo. Mais tarde, foi datado como tendo cerca de dois milhões de anos.

Este crânio, identificado como KNM-ER 1470, ou só 1470, destacou-se dos demais fósseis por algumas características, conta a antropóloga portuguesa Eugénia Cunha, da Universidade de Coimbra: “Quer pela [maior] capacidade craniana, 750 centímetros cúbicos, quer pela face, menor e mais ortognata [não projectada na parte anterior e, por isso, achatada] do que qualquer seu ancestral”, diz no livro Como nos Tornámos Humanos, de 2010.

De início, o crânio foi classificado como Homo habilis, um humano habilidoso, já capaz de fabricar ferramentas rudimentares. Mas descobertas posteriores de outros humanos contemporâneos do 1470, mas com menor capacidade craniana, levaram alguns cientistas a considerar a existência de espécies distintas entre os primeiros humanos e o crânio foi reclassificado. Passou a ser considerado não um representante do Homo habilis, onde se incluíram outros fósseis, mas do Homo rudolfensis.

Afinal, a par do Homo erectus — o nosso antepassado directo, do qual evoluiu a nossa espécie —, havia quantas espécies do género Homo? Há dois milhões de anos, existiam quantos representantes distintos do género Homo, ou seja, quantas espécies humanas?

A discussão é importante para perceber de qual linhagem surgiu a nossa espécie. E o enigmático 1470 confundia a árvore da evolução humana, porque os seus restos não incluíam nem dentes, nem a mandíbula. Por outro lado, não se encontrou nenhum outro crânio daquela altura com a mesma cara comprida e achatada do fóssil 1470.

Alguns cientistas atribuíam a morfologia invulgar do 1470 a diferenças entre os sexos e à variação natural dentro de uma espécie, enquanto outros interpretavam-na como prova de espécies distintas”, refere um comunicado da National Geographic, que tem Meave e Louise Leakey como exploradoras residentes.

Espécie sem nome definitivo
O mistério de 40 anos teve desenvolvimentos com a descoberta, entre 2007 e 2009, de três fósseis em Koobi Fora, pela equipa de Meave e Louise Leakey, do Instituto da Bacia do Turkana. Estavam só a dez quilómetros do local onde o 1470 tinha sido encontrado.

Os fósseis — uma face, uma mandíbula completa e uma fragmentada —, com 1,78 e 1,95 milhões de anos, têm as tais características tão desejadas, uma cara achatada e comprida. A equipa, que inclui, entre outros, Fred Spoor, do University College de Londres, diz que os fósseis são da mesma espécie do 1470. “Em conjunto, os três fósseis dão um retrato muito mais claro do 1470”, diz Spoor.

Contemporâneo do Homo erectus e do Homo habilis, houve assim este outro humano, a que alguns cientistas chamam Homo rudolfensis. Outros, como Spoor, preferem não lhe dar já um nome, por considerarem que tal é “prematuro”, disse numa conferência organizada pela Nature.

Estes fósseis respondem a uma pergunta-chave sobre o nosso passado evolutivo: quão diverso era o nosso género na base da linhagem humana?”, frisou Meave Leakey na conferência. “Nos últimos 40 anos, procurámos aficandamente nos sedimentos à volta do lago Turkana fósseis que confirmassem as características únicas da cara do 1470 e nos mostrassem como eram os seus dentes e mandíbulas. Finalmente, temos algumas respostas”, contou.

É agora claro que duas espécies iniciais de humanos viveram ao lado do Homo erectus. Os novos fósseis vão ajudar bastante a desvendar como surgiu o nosso ramo da evolução humana e floresceu há quase dois milhões de anos”, concluiu Spoor. “A evolução humana não é uma linha recta de um antepassado até nós. Éramos muito mais diversos.

segunda-feira, 30 de julho de 2012

Rethinking Modern Human Origins

Did modern humans evolve suddenly or over a long period of time?
Image: Fredrik Sandén/Flickr

Modern humans, Homo sapiens, originated in Africa sometime between 200,000 and 100,000 years ago. I’ve written that sentence many times. But what if it’s wrong? Paleoanthropologist Tim Weaver of the University of California, Davis argues there might be another way to interpret our species’ beginnings. Instead of a discrete origin event, he suggests in the Journal of Human Evolution that our ancestors’ arrival into the world might have been a lengthy process that occurred over hundreds of thousands of years.

Current thinking says the lineages leading to modern humans and Neanderthals split 400,000 years ago. And then 200,000 years later, Homo sapiens suddenly appeared in Africa. There’s a lot of evidence that seems to support the idea. The earliest fossils assigned to our species date to this time period. Mitochondrial DNA inherited through the maternal line backs up the fossil evidence. Modern people’s mitochondrial DNA can all be traced back to a common ancestor, an “Eve,” that lived 200,000 years ago.

But Weaver says these lines of evidence can also support an alternative scenario, in which the evolution of our species plays out over hundreds of thousands of years between the split from Neanderthals and the expansion of humans out of Africa 60,000 to 50,000 years ago. He uses genetics and mathematical methods to argue his case.

First, he shows how modern people’s mitochondrial DNA could all appear to converge at 200,000 years ago without being the result of a speciation event or a population bottleneck at that time. It’s possible, he says, to get the same picture of modern mitochondrial DNA if the population of breeding adults stayed constant 400,000 to 50,000 years ago—and if the size of that population equaled the average (called the harmonic mean) population size of the successive generations experiencing a theoretical bottleneck 200,000 years ago.

Next, he builds a model of physical evolution to show how a long process could lead to the arrival of modern human traits at about 200,000 years ago. The model follows several assumptions about the genetic basis of physical traits. Weaver also assumes changes over time in human physical traits were the result of mutation and genetic drift (random change) rather than natural selection. (He notes that differences between Neanderthal and modern human skulls, for example, don’t appear to be the result of natural selection.) By modeling successive generations from 400,000 years ago to the present, with each generation equaling 25 years, Weaver finds modern human traits should have appeared in the fossil record 165,000 years ago. That date becomes 198,000 years ago when the generation length is increased to 30 years or 132,000 years ago when the generation length is decreased to 20 years. What that means is both an abrupt speciation event or a long process could explain why modern humans seem to appear in the fossil record 200,000 years ago.

Weaver’s purpose with this work, however, is not necessarily to prove that modern human origins was a long, drawn out affair. He writes:

At the moment, both discrete event and lengthy process models appear to be compatible with the available evidence. My goal is simply to show that lengthy process models are consistent with current biological evidence and to heighten awareness of the implications of these models for understanding modern human origins.

One of those implications: If it turns out the arrival of humans was a lengthy process, Weaver says, it means nothing “special” happened 200,000 years ago to cause the birth of our species.

sexta-feira, 20 de julho de 2012

Neanderthals ate their greens

Tooth analysis shows that european hominins roasted vegetables and may have used medicinal plants.
Matt Kaplan18 July 2012, in nature.com

Neanderthals have long been viewed as meat-eaters. The vision of them as inflexible carnivores has even been used to suggest that they went extinct around 25,000 years ago as a result of food scarcity, whereas omnivorous humans were able to survive. But evidence is mounting that plants were important to Neanderthal diets — and now a study reveals that those plants were roasted, and may have been used medicinally.

The finding comes from the El Sidrón Cave in northern Spain, where the roughly 50,000-year-old skeletal remains of at least 13 Neanderthals (Homo neanderthalensis) have been discovered. Many of these individuals had calcified layers of plaque on their teeth. Karen Hardy, an anthropologist at the Autonomous University of Barcelona in Spain, wondered whether it might be possible to use this plaque to take a closer look at the Neanderthal menu.

Neanderthals were thought to eat only meat,
but investigation of their dental plaque
suggests they consumed cooked plants.
MAURICIO ANTON/SPL
Using plaque to work out the diets of ancient animals is not entirely new, but Hardy has gone further by looking for organic compounds in the plaque. To do this she and a team including Stephen Buckley, an archaeological chemist at the University of York, UK, used gas chromatography and mass spectrometry to analyse the plaque collected from ten teeth belonging to five Neanderthal individuals from the cave.

The plaque contained a range of carbohydrates and starch granules, hinting that the Neanderthals had consumed a variety of plant species. By contrast, there were few lipids or proteins from meat.

Hardy and her colleagues also found, lurking in the plaque of a few specimens, a range of alkyl phenols, aromatic hydrocarbons and roasted starch granules that suggested that the Neanderthals had spent time in smoky areas and eaten cooked vegetables. The results are published today in Naturwissenschaften1.

The idea that Neanderthals were largely meat-eaters has been hard for me to accept given their membership in a mainly vegetarian clade. It is exciting to see this new set of techniques applied to understanding their palaeo-diet,” says Richard Wrangham, an anthropologist at Harvard University in Cambridge, Massachusetts.

Natural remedies
Among the compounds that Hardy found were chemicals from plants such as yarrow and camomile, which taste bitter and have no nutritional value. Genetic analysis has shown2 that Neanderthals had the ability to detect bitter tastes, raising questions about why they would intentionally eat such plants.

Michael Chazan, an anthropologist at the University of Toronto in Canada, suggests that the bitter-tasting plants were used in fire-making, and could have entered the diet as a by-product of cooking. Wrangham, by contrast, proposes that yarrow and camomile were used as seasoning.

Hardy disagrees with Wrangham. “The idea of Neanderthals sitting down for a bowl of salad stretches my imagination and there is no evidence of them having cooking pots, so soups seem unlikely,” she says. Hardy theorizes that the Neanderthals may have used the bitter plants as medicines ― modern herbalists use them as anti-inflamatories and antiseptics. “All modern higher primates make use of medicinal plants, so perhaps Neanderthals did too,” she says.

Regardless of why the Neanderthals consumed plants, perceptions of them and their diets are changing, says Lawrence Straus, an anthropologist at the University of New Mexico in Albuquerque. “As exceptional places like El Sidrón reveal just how wise and flexible Neanderthals were, more and more we are having to ask ourselves, why did they go extinct?”.

Hardy, K. et al. Naturwissenschaften http://dx.doi.org/10.1007/s00114-012-0942-0 (2012).
Lalueza-Fox, C., Gigli, E., de la Rasilla, M., Fortea, J. & Rosas, A. Biol. Lett. 5, 809–811 (2009).

segunda-feira, 16 de julho de 2012

Os progressos da genética podem ter permitido enterrar o machado de guerra num debate histórico: o povoamento da América fez-se a partir da Sibéria por populações vindas da Ásia, mas em três vagas sucessivas e não apenas numa, diz uma equipa internacional de investigadores na revista Nature.

As populações mais homogéneas geneticamente
são as da América do Sul (Gregg Newton/Reuters).
Este modelo de povoamento, em três vagas sucessivas, já tinha sido proposto em 1986 por linguistas, mas não foi aceite, na época, pela comunidade científica.

Publicado nesta quarta-feira na revista britânica Nature, um estudo traça a história do património genético das populações nativas americanas, realizado por um consórcio internacional com mais de 60 cientistas. E demonstra que, pelo menos em parte, o modelo de 1986 estava correcto.

Ao analisar o genoma de 500 pessoas oriundas de 52 populações nativas americanas e 17 da Sibéria, com a ajuda de programas informáticos, os investigadores conseguiram obter uma visão de conjunto do seu património genético. A comparação entre mais de 364.000 marcadores genéticos “permitiu estabelecer o grau de diferenciação ou de semelhança genética entre estas populações”, escreve, em comunicado, o Centro Nacional da Investigação Científica (CNRS) de França, que contribuiu para este estudo.

As análises confirmam que a maioria das populações ameríndias resulta de uma vaga de migração vinda da Sibéria há cerca de 15.000 anos, durante uma glaciação que, na época, tornou o estreito de Bering transponível.

Os resultados também salientam a grande diversidade genética entre os indivíduos do Norte da América, enquanto as populações mais homogéneas geneticamente são as da América do Sul.

Mas, acima de tudo, a investigação demonstra a existência de duas outras vagas de povoamento asiático, que ocorreram depois (há entre 15.000 e 5000 anos), o que confirma o modelo proposto em 1986 por Joseph Greenberg, Christy Turner e Stephen Zegura, salienta o CNRS. Estas duas vagas posteriores “ficaram acantonadas no Alasca, Canadá e no Norte dos Estados Unidos”.

E, contrariamente ao que afirmava o modelo de 1986, os novos povoadores integraram-se bem nas populações que já existiam naquelas regiões, formando os povos esquimós, por exemplo.

Qualquer que seja o período em questão, a genética mostra que as populações colonizaram o continente americano em direcção ao sul, seguindo as zonas costeiras e separando-se ao longo da sua dispersão. Depois desta separação, as trocas genéticas entre os diferentes grupos foram muito reduzidas, em especial na América do Sul.

sexta-feira, 22 de junho de 2012

Niño, asturiano y neandertal

Los investigadores del yacimiento de Sidrón (Piloña) consiguen reconstruir el esqueleto de uno de los trece individuos hallados en la cueva, el único de la península Ibérica

Antonio García Tabernero, Beatriz Fernández Cascón, Antonio Rosas y
Markus Bastir, con los fósiles del neandertal de Sidrón que han conseguido
reconstruir en el MNCN-CSIC. LNE

Los investigadores
Marco de la Rasilla - Profesor titular de Prehistoria de la Universidad de Oviedo, dirigió las excavaciones en Asturias de yacimientos como el Cuetu de la Mina (Llanes) y codirigió junto con Javier Fortea las investigaciones arqueológicas de las cuevas de Llonín, en Peñamellera Alta, y Sidrón, en Piloña. Ha especializado sus líneas de investigación en el Paleolítico Medio y Superior, el arte paleolítico y la historiografía de la arqueología prehistórica del primer tercio del siglo XX. Es coautor de varias publicaciones, entre las que figuran «La cueva de Sidrón (Borines, Piloña, Asturias). Investigación interdisciplinar de un grupo neandertal», junto a otras centradas en el arte rupestre en Asturias.
Antonio Rosas - Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, es director del grupo de paleoantropología y responsable de los estudios paleobiológicos de los neandertales de Sidrón. Fue, asimismo, miembro del equipo investigador de Atapuerca entre 1984 y 2005, y es autor de doscientos trabajos científicos especializados con publicaciones en «Science», «Nature», «PNAS», «Journal of Human Evolution», «American Journal of Physical Anthropology», etcétera. Es autor y editor de varios libros y artículos de divulgación, entre otros «Los neandertales», colección «¿Qué sabemos de?», editorial CSIC-La Catarata, 2010.
Carles Lalueza-Fox - investigador del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona y uno de los expertos mundiales en paleogenética. Investigador posdoctoral en universidades de Cambridge y Oxford, ha publicado numerosos artículos científicos en revistas internacionales sobre recuperación de material genético de especies extinguidas, como los mamuts, y en grupos humanos del pasado, incluyendo la primera recuperación de ADN de un neandertal ibérico. Colaborador en el proyecto «Genoma neandertal», ha publicado diversos libros de divulgación científica, entre ellos «Razas, racismo y diversidad», «Genes de neandertal» y «Cuando éramos caníbales».

Más de diez años ha costado ponerle imagen al hombre de Sidrón. Por fin, los investigadores lo han conseguido al reconstruir en un alto porcentaje el esqueleto de uno de los niños del grupo familiar de Piloña, un excelente resultado que permite poner cuerpo al primer neandertal de la península Ibérica tras un trabajo minucioso, casi de orfebre, que cierra con éxito uno de los proyectos más complejos a los que se han enfrentado los estudiosos de la evolución humana.

El grupo que residió en la falda del Sueve hace 49.000 años estaba formado por al menos trece individuos que los investigadores intentan perfilar hueso a hueso a partir de los más de dos mil fósiles óseos reunidos tras más de una década de excavaciones arqueológicas. Reconstruir la imagen de un neandertal adulto entraña enormes dificultades, aunque en este caso la circunstancia de contar entre los materiales exhumados en la cueva con restos de un niño entre los 6 y los 7 años de edad ha facilitado mucho las cosas, y el equipo de Sidrón ha conseguido poco menos que poner una pica en Flandes al acoplar uno de los pocos esqueletos neandertales del mundo.

En este caso, la edad del menor ha sido fundamental. El reducido tamaño de los huesos ha permitido diferenciarlos del resto de los fósiles, consiguiendo así dar forma al único esqueleto neandertal existente en la península Ibérica y uno de los neandertales juveniles más completos del mundo.

En el éxito tienen mucho que ver el trabajo realizado por el grupo de paleoantropología del MNCN-CSIC y, también, los hallazgos aportados por los trabajos arqueológicos y genéticos. Gracias a todos ellos sabemos algunas cosas del niño de Sidrón, entre ellas, que era chico y que atravesó como casi todos los neandertales un período de crisis durante la etapa del destete, algo que se ha podido observar con el estudio de los dientes. Más difícil es descubrir qué fue lo que le costó la vida a edad tan temprana, aunque la suya fue una muerte ligada a la del resto del grupo, sin que hasta el momento los científicos hayan podido averiguar cuál fue el origen de tan catastrófico final.

A pesar de contar apenas con 6 o 7 años de edad, el chico de Sidrón ya participaba en los trabajos del grupo familiar, según muestran las huellas observadas en sus dientes todavía infantiles. Como corresponde a su edad, aún conservaba algunos molares de leche y le estaban saliendo los incisivos definitivos.

Entre los trece individuos que formaban la familia neandertal de Piloña había siete adultos, de ellos tres de sexo femenino, tres de sexo masculino y uno indefinido al que no se pudo identificar hasta el momento, ya que sólo se han conseguido reunir tres molares del mismo. El resto del grupo está formado por adolescentes, juveniles y un infantil.

Uno de los juveniles es el chico de Sidrón cuya imagen acaba de ser configurada. A pesar de no estar completo el esqueleto, ha servido para aportar mucha información sobre la especie neandertal. Sabemos, por los estudios genéticos, que era hijo de una de las mujeres del grupo y que tenía un hermano de 2 o 3 años del que también se han recuperado algunos huesos.

En la reconstrucción del niño, la parte menos representada es la que correspondería a la cabeza. No hay huesos de la cara y el cráneo está muy fragmentado, mostrando algunos de los restos óseos claras señales de canibalismo, lo que indica que probablemente el interior del cráneo se utilizó tras su muerte para algún tipo de consumo, ya sea gastronómico o de índole simbólica o ritual. Sobre el canibalismo de los neandertales se ha escrito mucho, pero será difícil llegar a saber si el consumo que hacen de sus propios parientes está motivado por cuestiones de supervivencia en épocas de hambruna o si, por el contrario, tenía que ver con alguna significación vinculada al deseo de permanecer unidos después de la muerte.

Sí se ha podido reunir casi la totalidad de la dentición del maxilar y se conserva la mandíbula. El esqueleto axial está bien representado por algunas piezas de la columna vertebral, esternón y varias costillas, partes imprescindibles para conocer el desarrollo de la caja torácica y la función y la intensidad respiratoria.

Además, el esqueleto del chico de Sidrón cuenta con casi la totalidad de los huesos del brazo izquierdo: húmero, cubito y radio y huesos de la mano, mientras que el brazo derecho está menos representado. También aparecen partes de la pelvis que, entre otras cosas, evidencian que estamos ante un cuerpo masculino. De las extremidades inferiores se conserva un fémur de la pierna izquierda, un fragmento de fémur de la derecha y un pie casi completo. A estos restos óseos que permiten acercarse a lo que fue un niño neandertal quedan por añadir algunos fragmentos del esqueleto que aún no han llegado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde trabaja el equipo de Antonio Rosas. Son los procedentes de la excavación del verano de 2011, que aún permanecen en Oviedo a causa del parón sufrido por la tramitación de expedientes durante el último año.

Conocer el esqueleto del niño es, además de un éxito de los investigadores, una puerta abierta para al conocimiento de la especie que nos precedió. En la actualidad hay varias investigaciones en marcha, una de ellas es la que se desarrolla a partir de la dentición para averiguar el ritmo de crecimiento de la especie y ratificar que los neandertales tenían un desarrollo más rápido, es decir, a la misma edad estaban más desarrollados que nosotros. Se trata así de ver cómo es su patrón de desarrollo comparado con el nuestro. Los estudios de histología del hueso también nos llevarán a conocer cuál era la edad del chico en el momento de su muerte.

La reconstrucción del esqueleto ofrece posibilidades hasta ahora imposibles. Se va a poder comprobar si las distintas partes del cuerpo ofrecen los mismos datos sobre su desarrollo y se inicia así un camino que deja al descubierto la forma de crecimiento, objetivo indispensable para conocer cómo la evolución ha ido modelando el cuerpo. En este sentido, Antonio Rosas apostilla que «si creciésemos más deprisa seríamos diferentes».

Si hay algo de lo que el yacimiento de Sidrón puede presumir es del importante trabajo disciplinar que aglutina. Una de esas líneas de investigación es la que se centra en el ámbito de la genética, cuyas aportaciones han sido cruciales para llevar a buen puerto el genoma neandertal en 2010. Con su ayuda se pudieron identificar los distintos linajes presentes en el grupo humano localizado en la cueva. Ahora, los trabajos genéticos progresan en varias direcciones. La comparación del genoma neandertal con el del hombre moderno dejó una lista de unos ochenta genes que presentan cambios funcionales entre ambas especies, una lista que los científicos consideran corta para explicar las notables diferencias morfológicas existentes.

In lne.es

sexta-feira, 15 de junho de 2012

Os Neandertais poderão ter sido os primeiros artistas das cavernas

Há milhares e milhares de anos, numa gruta em Espanha, há um homem de cócoras, virado para a parede, muito concentrado no que está a fazer. Quem se aproxima pode vê-lo de costas, com uma mão apoiada na rocha, imerso numa ténue nuvem de pó vermelho. Está a pintar a sua mão em negativo, soprando suavemente para cima dela um pigmento. O homem sente uma presença e vira-se. E agora, aqui vai uma adivinha: é um Homo sapiens ou um Neandertal?

Umas destas imagens de mãos tem mais de 37 mil anos
e pode ter sido a de um Neandertal (Cortesia Pedro Saura)
Este é o enigma que tem agora pela frente uma equipa internacional de cientistas, da qual faz parte o conhecido arqueólogo português João Zilhão (actualmente a trabalhar na Universidade de Barcelona), cujos mais recentes resultados de datação de uma série de pinturas paleolíticas a publicar esta sexta-feira na revista Science, com direito às honras da capa da prestigiada publicação É que as novas datações fazem recuar, em cerca de dez mil anos, a idade das mais antigas pinturas das cavernas até agora conhecidas. E colocam, de facto, a hipótese de que os artistas destas obras tenham pertencido a esse outro tipo de humanos que conviveu com os homens modernos (nós) na Europa até à sua extinção, há cerca de 28 mil anos: os Neandertais.

Os cientistas, liderados por Alistair Pike, da Universidade de Bristol, no Reino Unido, utilizaram um método até aqui pouco explorado na arquelogia para datar 50 pinturas espalhadas por 11 grutas do Norte de Espanha, entre as quais a famosa gruta de Altamira e mais duas — as de El Castillo e Tito Bustillo —, que, tal como Altamira, são Património Mundial da Humanidade.

Grãozinhos de calcite

Ao contrário da tradicional datação por radiocarbono, a técnica agora utilizada não exige que as amostras analisadas contenham vestígios orgânicos. Mede a desintegração radioactiva do urânio contido nas minúsculas estalactites de calcite (carbonato de cálcio) que se foram depositando por cima das pinturas ao longo de milénios. “Esta técnica, dita das séries do urânio em desequilíbrio”, diz Pike em comunicado, “é muito utilizada nas ciências da Terra e permite contornar os problemas do radiocarbono”.

E como salienta no mesmo comunicado um outro elemento da equipa — Dirk Hoffmann, da Universidade de Burgos —, “o avanço-chave é que o nosso método torna possível a datação de amostras de apenas dez miligramas, mais ou menos do tamanho de um grão de arroz, o que nos permitiu analisar [os minúsculos] depósitos que cobrem as pinturas”.

O que é que a idade da calcite permite dizer? Que a pintura que se encontra debaixo do depósito é, no mínimo, tão antiga — se não mais — do que esse depósito. Ora, acontece que, entre todas pinturas analisadas, algumas revelaram ser vários milhares de anos mais antigas do que qualquer outra pintura das cavernas alguma vez datada por radiocarbono. Assim, a idade de um disco vermelho pintado na gruta de El Castillo tem, segundo a nova técnica, 40.800 anos no mínimo, a de uma marca de mão em negativo na mesma gruta pelo menos 37.300 anos — e, na gruta de Altamira, no célebre grande painel policromado representado no tecto (e pintado em grande parte há uns 15 mil anos), há um símbolo “claviforme” (em forma de maço) que remonta a mais de 35.600 anos.

Duas hipóteses

A antiguidade destas pinturas vem “destronar” as da gruta Chauvet, no Sul de França, estimada por radiocarbono 30 mil anos e recentemente confirmada por métodos indirectos (ver “As pinturas da gruta Chauvet são as mais antigas do mundo” no PÚBLICO de 08/05/2012).

Existem por enquanto dois cenários compatíveis com os resultados a publicar esta sexta-feira: ou os homens modernos já pintavam quando, há uns 41.500 anos, terão chegado à Europa (vindos de África) ou... os Neandertais, que já cá viviam há mais de 300 mil anos, terão sido “os primeiros artistas das cavernas”, como disse Zilhão numa teleconferência de imprensa organizada pela revista Science.

A confirmar-se, este segundo cenário viraria do avesso a história “oficial” da arte pré-histórica na Europa. “Acho que 42 mil anos é actualmente o limite absoluto para além do qual não existem indícios significativos que possamos associar à presença de humanos modernos na Europa”, salientou João Zilhão. “Não há nada, absolutamente nada, antes disso. Portanto, se as imagens tiverem mais de 42 mil anos [o que é possível, uma vez que a datação só fornece uma idade mínima], isso implicaria neste momento que foram pintadas por Neandertais.

14.06.2012 

terça-feira, 12 de junho de 2012

Homo Heidelbergensis Was Only Slightly Taller Than the Neanderthal

Homo heidelbergensis was only slightly taller than the Neanderthal.
(Credit: Image courtesy of Plataforma SINC)
ScienceDaily (June 6, 2012) — The reconstruction of 27 complete human limb bones found in Atapuerca (Burgos, Spain) has helped to determine the height of various species of the Pleistocene era.Homo heidelbergensis, like Neanderthals, were similar in height to the current population of the Mediterranean.

domingo, 3 de junho de 2012

Earliest Musical Instruments in Europe 40,000 Years Ago

A flute from the site of Geißenklösterle made from mammoth ivory.
Credit: Image courtesy of Tübingen University
ScienceDaily (May 27, 2012) — The first modern humans in Europe were playing musical instruments and showing artistic creativity as early as 40,000 years ago, according to new research from Oxford and Tübingen universities.

More in ScienceDaily

Oldest Art Even Older: New Dates from Geißenklösterle Cave Show Early Arrival of Modern Humans, Art and Music

Jewelry. Geißenklösterle Cave is one of several caves in the
Swabian Jura that have produced important examples
of personal ornaments, figurative art, mythical
imagery and musical instruments.
Credit: Image courtesy of Universitaet Tübingen
ScienceDaily (May 24, 2012) — New dates from Geißenklösterle Cave in Southwest Germany document the early arrival of modern humans and early appearance of art and music.

More in sciencedaily.com 


quinta-feira, 17 de maio de 2012

Humanity's Best Friend: How Dogs May Have Helped Humans Beat the Neanderthals

Over 20,000 years ago, humans won the evolutionary battle against Neanderthals. They may have had some assistance in that from their best friends.

Credits: Shutterstock/Pedro Jorge Henriques Monteiro
One of the most compelling -- and enduring -- mysteries in archaeology concerns the rise of early humans and the decline of Neanderthals. For about 250,000 years, Neanderthals lived and evolved, quite successfully, in the area that is now Europe. Somewhere between 45,000 and 35,000 years ago, early humans came along.

They proliferated in their new environment, their population increasing tenfold in the 10,000 years after they arrived; Neanderthals declined and finally died away.

What happened? What went so wrong for the Neanderthals -- and what went so right for us humans?

The cause, some theories go, may have been environmental, with Neanderthals' decline a byproduct of -- yikes -- climate change. It may have been social as humans developed the ability to cooperate and avail themselves of the evolutionary benefits of social cohesion. It may have been technological, with humans simply developing more advanced tools and hunting weapons that allowed them to snare food while their less-skilled counterparts starved away.

The Cambridge researchers Paul Mellars and Jennifer French have another theory, though. In a paper in the journal Science, they concluded that "numerical supremacy alone may have been a critical factor" in human dominance -- with humans simply crowding out the Neanderthals. Now, with an analysis in American Scientist, the anthropologist Pat Shipman is building on their work. After analyzing the Mellars and French paper and comparing it with the extant literature, Shipman has come to an intriguing conclusion: that humans' comparative evolutionary fitness owes itself to the domestication of dogs.

Yep. Man's best friend, Shipman suggests, might also be humanity's best friend. Dogs might have been the technology that allowed early humans to flourish.

Shipman analyzed the results of excavations of fossilized canid bones -- from Europe, during the time when humans and Neanderthals overlapped. Put together, they furnish some compelling evidence that early humans, first of all, engaged in ritualistic dog worship. Canid skeletons found at a 27,000-year-old site in Předmostí, of the Czech Republic, displayed the poses of early ritual burial. Drill marks in canid teeth found at the same site suggest that early humans used those teeth as jewelry -- and Paleolithic people, Shipman notes, rarely made adornments out of animals they simply used for food. There's also the more outlying fact that, like humans, dogs are rarely depicted in cave art -- a suggestion that cave painters might have regarded dogs not as the game animals they tended to depict, but as fellow-travelers.

Shipman speculates that the affinity between humans and dogs manifested itself mainly in the way that it would go on to do for many more thousands of years: in the hunt. Dogs would help humans to identify their prey; but they would also work, the theory goes, as beasts of burden -- playing the same role for early humans as they played for the Blackfeet and Hidatsa of the American West, who bred large, strong dogs specifically for hauling strapped-on packs. (Paleolithic dogs were big to begin with: They had, their skeletons suggest, a body mass of at least 70 pounds and a shoulder height of at least 2 feet -- which would make them, at minimum, the size of a modern-day German Shepherd.) Since transporting animal carcasses is an energy-intensive task, getting dogs to do that work would mean that humans could concentrate their energy on more productive endeavors: hunting, gathering, reproducing.

The possible result, Shipman argues, was a virtuous circle of cooperation -- one in which humans and their canine friends got stronger, together, over time.

There's another intriguing -- if conjecture-filled -- theory here, too. It could be, Shipman suggests, that dogs represented even more than companionate technologies to Paleolithic man. It could be that their cooperative proximity brought about its own effects on human evolution -- in the same way that the domestication of cattle led to humans developing the ability to digest milk. Shipman points to the "cooperative eye hypothesis," which builds on the observation that, compared to other primates, humans have highly visible sclerae (whites of the eyes). For purposes of lone hunting, sclerae represent a clear disadvantage: not only will your pesky eye-whites tend to stand out against a dark backdrop of a forest or rock, giving away your location, but they also reveal the direction of your gaze. It's hard to be a stealthy hunter when your eyes are constantly taking away your stealth.

Expressive eyes, however, for all their competitive disadvantage, have one big thing going for them: They're great at communicating. With early humans hunting in groups, "cooperative eyes" may have allowed them to "talk" with each other, silently and therefore effectively: windows to the soul that are also evolutionarily advantageous. And that, in turn, might have led to a more ingrained impulse toward cooperation. Human babies, studies have shown, will automatically follow a gaze once a connection is made. Eye contact is second nature to us; but it's a trait that makes us unique among our fellow primates.

Dogs, however, also recognize the power of the gaze. In a study conducted at Central European University, Shipman notes, "dogs performed as well as human infants at following the gaze of a speaker in tests in which the speaker's head is held still." Humans and their best friends share an affinity for eye contact -- and we are fairly unique in that affinity. There's a chance, Shipman says -- though there's much more work to be done before that chance can be converted even into a hypothesis -- that we evolved that affinity together.

"No genetic study has yet confirmed the prevalence or absence of white sclerae in Paleolithic modern humans or in Neanderthals," Shipman notes. "But if the white sclera mutation occurred more often among the former -- perhaps by chance -- this feature could have enhanced human-dog communication and promoted domestication."

Which is another way of saying that, to the extent dogs were an evolutionary technology, they may have been a technology that changed us for the better. The old truism -- we shape our tools, and afterward our tools shape us -- may be as old, and as true, as humanity itself.